LA PAZ, 26 nov (El Libre Observador) – A menos de tres semanas de su posesión, el presidente boliviano Rodrigo Paz enfrenta su primer pulso social: los panificadores del país rompieron el diálogo con el Ejecutivo y aplicaron una subida inmediata del precio del pan de batalla, un alimento tan cotidiano como políticamente sensible en Bolivia.
La decisión revela tensiones sobre el manejo de las subvenciones y abre un frente inesperado para un Gobierno que prometió devolver estabilidad a la economía.
El conflicto estalló este miércoles después de que la Confederación Nacional de Panificadores de Bolivia (Conapabol) anunciara el incremento del precio del pan de 0,50 a 0,80 centavos de bolivianos en La Paz y El Alto, las dos ciudades más pobladas y de mayor presión social.
Para el sector, la medida es consecuencia directa de la falta de entrega de insumos subsidiados por parte de la estatal Emapa durante los últimos tres meses, lo que –según aseguran– ha vuelto imposible sostener los precios anteriores sin generar pérdidas.
“Ya no podemos subvencionar tres meses más a la población, queremos una realidad del precio del pan en Bolivia”, declaró Rubén Ríos, representante de Conapabol.

Su denuncia añade un matiz técnico al conflicto: el programa de subvenciones, diseñado para contener la inflación y resguardar el poder adquisitivo, opera como un delicado engranaje entre el Estado y los productores. Las demoras, advierten, desajustan toda la cadena y terminan trasladándose al consumidor.
Lo que comenzó como una queja sectorial evolucionó rápidamente en una disputa política. El viceministro de Comercio y Logística Interna, Gustavo Serrano, respondió con un tono duro, calificando la decisión de los panaderos como un “chantaje” al país.
“Cuidado con utilizar la herramienta del hambre de los bolivianos o el tema del pan para ocultar presuntos actos de corrupción”, afirmó, dejando entrever que el Gobierno sospecha irregularidades dentro del gremio.
La narrativa oficial apunta a que el sector habría forzado la situación para presionar una negociación más favorable. Conapabol, por su parte, insiste en que fue el Ejecutivo quien incumplió la convocatoria a una reunión pactada para este mismo miércoles. Ese desencuentro terminó por dinamitar el diálogo.
El pan –modesto en apariencia, pero central en la mesa boliviana– vuelve a mostrarse como un indicador político de primera línea. Cualquier modificación en su precio activa alarmas sociales y obliga a los gobiernos a medir cuidadosamente sus decisiones económicas. Con el aumento aplicado en siete federaciones, y un Ejecutivo decidido a “verificar el costo real” antes de tomar una posición definitiva, el conflicto promete extenderse.
En un país donde las tensiones por subsidios han marcado etapas de crisis y negociaciones largas, el episodio supone una prueba temprana para Paz y su gabinete. El Gobierno deberá equilibrar la disciplina fiscal con la sensibilidad social, una tensión clásica en la política boliviana que vuelve a aflorar en su forma más simbólica: el precio del pan de cada día.


