LA PAZ, 25 nov (El Libre Observador) — El Gobierno de Bolivia ha dado este martes el paso más contundente de su naciente administración: recortar en un 30% el gasto fiscal y reescribir por completo el Presupuesto General del Estado de 2026, un documento que el presidente Rodrigo Paz calificó de “insulso” y “orientado únicamente a sostener el gasto”.
La decisión, presentada como un viraje estructural, pretende desmontar la arquitectura presupuestaria heredada del expresidente Luis Arce y enviar una señal de rigor a un país que arrastra tensiones fiscales, subsidios crecientes y un panorama económico opaco.
Paz, acompañado del ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, anunció que pedirá a la Asamblea Legislativa la devolución inmediata del proyecto presupuestario enviado por el anterior Gobierno. El Ejecutivo planea sustituirlo por una versión completamente nueva que incorpore criterios de eficiencia, inversión y sostenibilidad financiera.
“Vamos a reformular un presupuesto que no beneficiaba a los bolivianos”, afirmó el mandatario, convencido de que el país necesita abandonar la inercia del gasto sin control.
La magnitud del ajuste convierte esta reforma en la más drástica propuesta en más de una década. Espinoza explicó que el Gobierno incluirá en la nueva ley un artículo que permita revisar el presupuesto hasta febrero de 2026 bajo una regla estricta: reducir, como mínimo, un tercio del gasto público.
El plan implica un examen minucioso de todas las instituciones, la poda de partidas consideradas superfluas y un reordenamiento administrativo que podría redefinir el tamaño del Estado.

El rediseño del presupuesto también introducirá definiciones clave sobre la subvención a los carburantes, cuyo costo se ha disparado en los últimos años, y sobre el tipo de cambio, un tema especialmente sensible en medio de las tensiones por la disponibilidad de dólares. El Ejecutivo pretende enviar la versión final a la Asamblea en febrero para que pueda entrar en vigencia en marzo, siguiendo los plazos que marca la Constitución.
Más allá de los números, la maniobra marca un cambio de época en la gestión pública boliviana. Paz ha elegido abrir su mandato desmontando el mecanismo central que sostuvo la expansión del gasto durante los últimos años.
Lo que venga después dependerá de la capacidad del Gobierno para convertir este gesto político en una reorganización real de la economía y de un Estado que, por primera vez en años, reconoce que ya no puede sostener el costo de su propio tamaño.

