LA PAZ, 20 jul (El Libre Observador) — Las largas filas de camiones frente a las estaciones de servicio han dejado de ser una imagen excepcional en Bolivia para convertirse en parte del paisaje cotidiano. Mientras cientos de transportistas esperan durante horas, e incluso días, para conseguir diésel, la crisis energética comienza a extenderse por toda la economía y amenaza con convertirse en el principal desafío del Gobierno de Rodrigo Paz Pereira apenas semanas después de haber superado los 53 días de bloqueos que paralizaron gran parte del país.
Lejos de recuperar la normalidad, el transporte pesado decidió elevar la presión. Sus dirigentes convocaron a un ampliado nacional para el próximo 29 de julio en Cochabamba, donde analizarán nuevas medidas de protesta e incluso la posibilidad de declararse en «quiebra nacional», convencidos de que la falta de combustible ha vuelto inviable la actividad.
«Seguimos mendigando combustible. A tanta presión ya nosotros, como dirigentes, nos estamos declarando en estado de emergencia porque no hay respuesta alguna de las autoridades», afirmó el dirigente Domingo Ramos, al resumir el malestar de un sector que asegura haber agotado las instancias de diálogo con el Ejecutivo.

La protesta del transporte refleja un problema que trasciende al propio sector. Bolivia importa buena parte del diésel que consume y, en medio de la escasez de divisas provocada por la caída de las exportaciones de gas natural, el abastecimiento de combustibles se ha convertido en uno de los mayores cuellos de botella de la economía.
Los efectos ya son visibles. Camiones inmovilizados, rutas logísticas alteradas, retrasos en las exportaciones y empresas obligadas a reducir operaciones forman parte de un escenario que amenaza con prolongar la desaceleración económica incluso después de que concluyeran los bloqueos sociales que durante casi dos meses aislaron varias regiones del país.
El transporte urbano tampoco logra recuperar la normalidad. En Santa Cruz, el principal polo económico boliviano, los operadores aseguran que solo trabajan con la mitad de su flota.
«Seguimos perjudicados, seguimos prestando el servicio solamente con un 50% por culpa del Gobierno, que hasta la fecha no le da solución al problema del combustible», afirmó el dirigente Mario Guerrero, quien recordó que el presidente Paz prometió resolver el desabastecimiento al inicio de su mandato.
«El transporte mueve la economía de un país y para mover esa economía necesitamos combustible. Queremos combustible los 365 días del año, no para dos o tres días», añadió.
La escasez también empieza a paralizar otros motores de la economía. El Colegio de Ingenieros Civiles de Santa Cruz alertó de que numerosas obras de infraestructura avanzan con retrasos por la falta de diésel para alimentar la maquinaria pesada, mientras el incremento de los costos obliga a reducir personal y encarece tanto los proyectos públicos como privados.
«Cuando no hay combustible no hay movimiento y cuando no hay movimiento no hay construcción; cuando la construcción se detiene, también se frena el desarrollo económico del país», advirtió el presidente de la entidad, Esteban Aponte.

