LA PAZ, 21 jul (El Libre Observador) — La crisis económica boliviana ya no solo se mide en largas filas para conseguir combustible, en la escasez de dólares o en la acelerada inflación. También comienza a verse en los edificios que dejaron de levantarse, en las obras públicas que avanzan a un ritmo cada vez más lento y en los proyectos privados que quedaron archivados mientras los costos cambian prácticamente a diario.
El sector de la construcción, uno de los mayores generadores de empleo y uno de los principales termómetros de la inversión, asegura haber entrado en una fase crítica. Las cámaras constructoras estiman que la actividad se redujo hasta un 40 % y atribuyen el deterioro a una combinación de factores que se retroalimentan: la escalada del dólar, la escasez de diésel, el encarecimiento de los materiales importados y la incertidumbre que rodea al nuevo régimen cambiario.
La advertencia coincide con un momento de profundas transformaciones económicas. Desde finales de junio, Bolivia abandonó el tipo de cambio prácticamente fijo que había caracterizado a su economía durante más de una década y comenzó a aplicar un sistema flexible.
Desde entonces, la cotización oficial del dólar pasó de 9,73 a 10,90 bolivianos, una subida que, aunque moderada en términos porcentuales, ha tenido un efecto inmediato sobre un sector que depende en gran medida de insumos provenientes del exterior.
«Se podría hablar de una caída del 40 % en las construcciones y también en la cantidad de empresas constructoras», afirmó a la prensa Martín Zurita, presidente de la Cámara Departamental de Constructores (Cadeco), quien advirtió que prácticamente todos los presupuestos deben recalcularse para incorporar el nuevo costo de los materiales.
La paradoja, explican los empresarios, es que incluso muchos productos considerados nacionales dependen de materias primas importadas. El presidente de la Cadeco de Cochabamba, Marcelo Zubieta, resume el problema con una frase que refleja la vulnerabilidad del sector. «El 70 % de los materiales de construcción son importados o dependen de insumos importados». En otras palabras, cuando sube el dólar, prácticamente toda la cadena de la construcción se encarece.

Las cifras muestran la dimensión del fenómeno. Según la Cámara de la Construcción de Santa Cruz (Cadecocruz), desde que comenzó la crisis de divisas en 2023 los materiales importados aumentaron entre un 60 % y un 70 %. La tonelada de hierro casi triplicó su precio; la bolsa de cemento pasó de 45 a 70 bolivianos; la calamina cuadruplicó su valor, mientras que productos como la cerámica y la madera también registraron incrementos que alteraron por completo las estructuras de costos.
Pero el problema no termina en los materiales. La falta de dólares obliga a muchas empresas a adquirir divisas en mercados paralelos, utilizar criptomonedas, triangular pagos con proveedores o recurrir a cuentas en el exterior para cumplir con sus importaciones. Cada uno de esos mecanismos incorpora nuevos costos que terminan trasladándose al precio final de las viviendas, edificios y obras de infraestructura.
La incertidumbre también golpea a la inversión pública. Aunque el Gobierno aprobó un decreto para autorizar reajustes excepcionales en algunos contratos estatales, las constructoras consideran que la norma resulta insuficiente frente a un escenario en el que el tipo de cambio puede modificarse de manera permanente. Temen que numerosos proyectos entren en desequilibrio financiero y que las entidades públicas no dispongan de recursos para absorber los nuevos sobrecostos.
La desaceleración ya se refleja en el comercio exterior. Las importaciones de materiales para la construcción cayeron más del 40 % desde 2023 y este año alcanzan uno de los niveles más bajos de la última década, una señal de que la actividad pierde dinamismo y de que las empresas aplazan inversiones ante un panorama cada vez más incierto.
Durante años, la construcción fue uno de los símbolos del crecimiento boliviano, impulsada por la inversión pública, el auge inmobiliario y la estabilidad cambiaria. Hoy, ese mismo sector se ha convertido en uno de los primeros en exhibir las grietas del nuevo escenario económico.
Mientras el dólar continúa marcando el ritmo del mercado y las divisas siguen siendo escasas, los constructores advierten que el verdadero riesgo no es únicamente el aumento de los costos, sino que el país entre en un círculo de menor inversión, menos empleo y obras cada vez más difíciles de concluir.
En Bolivia, la crisis ya no solo afecta a la economía: empieza a modificar el paisaje urbano y a detener las grúas que durante años simbolizaron la expansión del país.

