LA PAZ, 23 dic (El Libre Observador) — Bolivia decidió asomarse al futuro digital con una apuesta que rompe inercias históricas. A partir de 2026, el país abrirá su mercado de internet a grandes operadoras globales de conectividad satelital —entre ellas Starlink, de SpaceX, OneWeb y el proyecto Amazon Leo— en un intento por cerrar una de las brechas más persistentes de su desarrollo como es la desigualdad en el acceso a la conectividad.
El anuncio llegó desde La Paz, pero apunta a los territorios más remotos del país andino amazónico, donde la señal de internet sigue siendo intermitente o inexistente. Con la promulgación del Decreto Supremo 5509, el Gobierno boliviano busca transformar la conectividad en un servicio estratégico, comparable al acceso al agua o la electricidad, y dejar atrás un modelo dependiente de infraestructuras terrestres costosas y de lento despliegue.
“Hoy hablamos de futuro”, afirmó el presidente Rodrigo Paz al presentar la norma. El mensaje no fue solo tecnológico, sino político: garantizar “internet real, accesible y permanente” para todos los bolivianos, sin importar si viven en el altiplano, la Amazonía o las zonas fronterizas. En un país de geografía abrupta y poblaciones dispersas, la conectividad ha sido durante décadas una promesa incompleta.
El decreto autoriza el ingreso de operadores internacionales con tecnología satelital de órbita baja, capaces de ofrecer conexión de alta velocidad allí donde no llegan la fibra óptica ni las redes móviles tradicionales. La medida alinea a Bolivia con una tendencia regional que ya avanza en países como Brasil, Chile, Colombia y Perú, donde Starlink y otras constelaciones satelitales han ganado terreno como solución rápida para zonas rurales, escuelas aisladas y centros de salud remotos.

En ese contexto regional, Bolivia llega tarde, pero con ambición. Mientras sus vecinos han incorporado estas tecnologías de forma gradual, el Ejecutivo boliviano plantea una apertura amplia del mercado y la creación de un primer polo digital en la ciudad de El Alto, una urbe simbólica del crecimiento urbano popular y de la migración interna. El centro comenzará a operar en febrero de 2026 y se extenderá luego a otras regiones, con la promesa de convertirse en un motor de innovación y empleo tecnológico.
Para el Gobierno, la conectividad va más allá del acceso a redes sociales o entretenimiento. “No es solo tecnología; es educación, salud, producción y seguridad ciudadana”, insistió Paz. La expansión del internet satelital permitiría, según el Ejecutivo, fortalecer la educación a distancia, la telemedicina y la productividad en sectores clave como la agricultura, la minería y el transporte, pilares de la economía boliviana.
El anuncio incluyó además una señal clara hacia los mercados internacionales. Paz adelantó que empresas tecnológicas globales como Amazon, Oracle y otras visitarán Bolivia en los próximos meses para anunciar nuevas inversiones. A ello se suma un programa de 10.000 becas para que jóvenes bolivianos se formen en el exterior en áreas tecnológicas, en alianza con firmas como IBM, Google y Amazon Web Services, en un intento por cerrar no solo la brecha digital, sino también la brecha de talento.
La apertura del mercado redefine, al mismo tiempo, el rol de la estatal Entel, hasta ahora actor dominante del sector. En palabras del presidente, la empresa pública deberá “mejorar sus servicios” en un escenario de mayor competencia, un mensaje que apunta a elevar estándares y precios en beneficio de los usuarios, aunque también abre interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo estatal frente a gigantes tecnológicos globales.
En América Latina, el despliegue del internet satelital ha reconfigurado el mapa de la conectividad y ha despertado debates sobre soberanía digital, regulación y dependencia tecnológica. Bolivia se suma ahora a esa discusión regional, con la expectativa de que el acceso a la red deje de ser un privilegio urbano y se convierta en una herramienta de integración territorial y desarrollo.
La apuesta es ambiciosa y sus resultados aún están por verse. Pero, por primera vez en años, el país parece decidido a disputar su lugar en la nueva geografía digital del continente, donde el acceso a internet define cada vez más las oportunidades económicas, educativas y sociales.

