LA PAZ, 1 ago (El Libre Observador) — A largo y ancho del país, las nueve regiones de Bolivia entonaron de forma simultánea el Himno Nacional este viernes al amanecer, en una coreografía cívica orquestada por el Gobierno para dar inicio al mes del Bicentenario.
Fue una escena cuidadosamente preparada con fuegos artificiales, banderas tricolores ondeando, danzas típicas, cánticos patrióticos y un precio mensaje del presidente Luis Arce que apeló a la memoria histórica y al porvenir. El país entra así en agosto, el mes de la patria, con la mirada puesta en el 6 de agosto, cuando Bolivia conmemorará oficialmente sus 200 años de independencia.
Arce evocó la gesta independentista de 1825 y convocó al país a una nueva etapa de unidad. “No nos son ajenos los tiempos difíciles (…), pero el pueblo boliviano ha salido victorioso de todas las adversidades. Estoy seguro de que sabremos encaminarnos hacia una segunda y definitiva independencia”, declaró.
Con un tono sobrio pero firme, el mandatario boliviano hizo un repaso por la historia republicana e insistió en reivindicar el proceso político que, desde 2006, dio lugar al Estado Plurinacional.
La ceremonia marcó el inicio formal de un calendario de celebraciones estatales que se extenderán durante todo el mes de agosto y parte del 2025. En total, el Gobierno anunció la entrega de 200 obras públicas y eventos conmemorativos en todo el país. Este año, excepcionalmente, se decretaron dos feriados nacionales —el 6 y 7 de agosto— y se dispuso el embanderamiento obligatorio de edificios públicos, privados y viviendas durante todo el año del Bicentenario.
El hito llega en un momento complejo para Bolivia. El país atraviesa un contexto de desaceleración económica, con escasez de divisas, dificultades en el abastecimiento de combustibles y tensiones dentro del oficialismo.

La fractura entre el presidente Arce y el exmandatario Evo Morales, líder histórico del Movimiento al Socialismo (MAS), ha debilitado la cohesión del bloque político que gobierna Bolivia desde hace casi dos décadas. A esto se suma el malestar social por el encarecimiento del costo de vida y el debate sobre la sostenibilidad del modelo económico basado en la industrialización estatal y subsidios.
Pese a ello, el Gobierno ha apostado por hacer del Bicentenario un momento de renovación simbólica. El discurso de Arce insistió en que Bolivia “tiene un pasado glorioso y un futuro al alcance de nuestras manos”. Y añadió: “Una de las conquistas que el pueblo logró con su lucha es la fundación del Estado Plurinacional (…) ahora nos corresponde a todos preservar lo que se ha logrado”.
La referencia al Estado Plurinacional no es casual: representa el núcleo del relato oficialista desde la aprobación de la Constitución de 2009, que reconoció la diversidad indígena, lingüística y territorial del país.
Las celebraciones incluyeron actos paralelos en sitios de alto valor simbólico. En Oruro, el Faro de Conchupata, donde se izó por primera vez la bandera boliviana en 1851, fue escenario de una ceremonia cívica. En Sucre, capital constitucional del país y cuna de la independencia, se organizaron vigilias culturales.

En Santa Cruz, Potosí, Cochabamba y otras regiones, se combinaron actos institucionales con expresiones populares, desde bailes autóctonos hasta recitales con canciones como La Patria y Viva mi patria Bolivia, himnos emocionales del imaginario nacional.
El 6 de agosto, todos los focos estarán puestos en Sucre, donde se celebrará la Sesión de Honor de la Asamblea Legislativa Plurinacional en la Casa de la Libertad, el mismo edificio donde se firmó el Acta de Independencia en 1825. Participarán autoridades de los cuatro órganos del Estado, las Fuerzas Armadas, la Policía y delegaciones de movimientos sociales. El vicepresidente David Choquehuanca y el presidente Arce pronunciarán sus discursos ante el país y el mundo.
Pero no todo es celebración. En paralelo, la oposición política, sectores críticos del MAS y voces ciudadanas reclaman que el Bicentenario no oculte los problemas estructurales que atraviesa el país. Entre ellos, una institucionalidad judicial erosionada, la polarización política, una economía tensionada por el gasto público y una creciente desconfianza ciudadana hacia el sistema político.
Bolivia celebra así sus 200 años en una encrucijada: entre la reafirmación de su identidad nacional y los desafíos de una democracia que aún busca consolidarse. El mensaje de unidad de Arce intenta proyectar estabilidad y futuro, pero el país avanza hacia el Bicentenario con heridas abiertas y un horizonte todavía incierto. Mientras el himno resuena y las banderas ondean, el reto sigue siendo construir una nueva etapa nacional con base en la diversidad, la justicia social y el consenso democrático.
El mes del Bicentenario no solo convoca a mirar atrás, sino también a replantear el rumbo. En eso parece coincidir buena parte del país, aunque las voces y proyectos sobre el futuro sigan en disputa.


