LA PAZ, 10 feb (El Libre Observador) — El discurso fue tan ambicioso como cauteloso. Frente a mapas, proyecciones y promesas de integración regional, el presidente boliviano Rodrigo Paz Pereira lanzó este martes una advertencia que resonó más allá del acto oficial: ninguna carretera bioceánica funcionará si Bolivia no resuelve primero su histórica dependencia del bloqueo de caminos como mecanismo de presión política.
La advertencia llegó durante la presentación del proyecto Oruro–Puertos del Pacífico, una obra valuada en unos 100 millones de dólares que busca articular una salida terrestre hacia el océano Pacífico a través de Chile y convertir a Bolivia en un eje logístico entre Brasil, Paraguay y el resto de Sudamérica. Sobre el papel, el proyecto promete reducir tiempos, costos y distancias. En la práctica, enfrenta un obstáculo recurrente: la interrupción de la circulación interna.
“La protesta se respeta, el bloqueo no”, dijo el mandatario, al diferenciar el derecho a la movilización del cierre total de carreteras que paraliza el comercio y debilita la confianza de socios regionales. Para Paz Pereira, los bloqueos no solo afectan al transporte local, sino que comprometen la credibilidad de Bolivia como corredor bioceánico confiable.

El plan presentado prevé una conexión que partiría del estado brasileño de Rondonia, ingresaría por Guayaramerín, en el norte amazónico boliviano, atravesaría La Paz y Oruro, y desembocaría en puertos chilenos sobre el Pacífico. A esta ruta se sumarían otros corredores que vinculen a Brasil con Perú y Pando, en un intento por convertir al país en el “corazón de América”.
El presidente insistió en que Bolivia sí tiene acceso a puertos, aunque sea indirecto, y llamó a “creerse” esa condición estratégica. “Los Estados grandes y serios buscan varias opciones”, afirmó, al sostener que el país puede ofrecer a sus vecinos múltiples rutas de conexión hacia el Pacífico.
Más allá de la retórica integradora, el mensaje encierra una autocrítica implícita: sin estabilidad interna, los megaproyectos de infraestructura corren el riesgo de quedar reducidos a anuncios. En un país donde los bloqueos forman parte del repertorio político y social desde hace décadas, la apuesta bioceánica depende tanto del asfalto como de la gobernabilidad.
La advertencia presidencial revela así una tensión central del modelo de desarrollo boliviano: la aspiración de convertirse en un nodo regional de comercio frente a prácticas internas que, en los hechos, cierran las rutas que pretenden abrirse al mundo.

