Por Elmer Padilla T.
PAROTANI, Cochabamba, 7 feb (El Libre Observador)- En medio de la serenidad rural de Parotani, un escenario de desesperación se cernía sobre los choferes que, durante 16 largos días, quedaron atrapados en un bloqueo político, víctimas de una disputa que no era la suya sino de intereses partidarios, a título de justicia.
En un paisaje pintado por la rabia contenida, la frustración y las lágrimas, los transportistas se encontraron en un punto muerto, abandonados por las decisiones políticas que los envolvieron en una red de impotencia y angustia.
La demanda de una ley para las elecciones judiciales y la venganza de Morales por quedar virtualmente inhabilitado para una nueva candidatura, desencadenó una serie de bloqueos estratégicos en poblaciones rurales de Cochabamba, que partió el oriente y occidente boliviano, y dejó a su paso un rastro de caos, desolación y pérdidas millonarias.

Tras la promulgación de la ley por el presidente Luis Arce que viabiliza los comicios judiciales, los instigadores del bloqueo celebraban cual, si fuera una gran proeza, en tanto, los choferes varados se vieron envueltos en llanto, sin dinero, enfermos y exhaustos, presos de una lucha que no era la suya.
En medio del desamparo, las historias personales de los choferes se entretejían con la tragedia colectiva.
Marcial, un conductor de camión, expresó con tristeza y coraje la injusticia de ser arrastrado a un conflicto político del que no tenía culpa. La falta de acceso a servicios básicos y alimentos sumió a los transportistas en una situación desesperada, mientras que algunos viajaban con sus familias, compartiendo el sufrimiento impuesto por decisiones ajenas.

“La verdad me da tristeza, coraje y mucha bronca. Nosotros no tenemos la culpa como transportistas, son peleas políticas, es una tremenda decepción que un expresidente como Evo Morales se dé a la tarea de perjudicar a la gente que quiere trabajar y no tiene nada que ver con sus problemas políticos”, lamentó Marcial.
El levantamiento del bloqueo trajo un respiro de alivio, pero también dejó una huella indeleble en la memoria de aquellos que lo vivieron.
“Estoy 16 días sin bañarme, tengo mucha hambre, algunos se han enfermado, estos políticos son la peor desgracia que dañan al país. Cómo pueden perjudicar a los que nada tenemos que ver con sus peleas”, contó entre lágrimas Carmelo, otro chofer de un bus.

Remberto, también víctima del bloqueo visiblemente amargado, lamentó la indolencia de los bloqueadores a los dijo son: “manejados como rebaño sin entender los perjuicios que provocaron”.
Los choferes partieron con la esperanza de no volver a enfrentar una situación similar, conscientes del precio.
El drama de Parotani, una localidad rural de Bolivia, ubicada en el municipio de Sipe Sipe de la provincia de Quillacollo en el departamento de Cochabamba, fue un punto estratégico crucial del bloqueo de más de dos semanas y resaltó la fragilidad de la vida cotidiana, vulnerable ante las disputas de poder y las agendas políticas.
Mientras los líderes agradecían a los bloqueadores y pedían vigilancia, los choferes abandonaban el escenario con la amarga certeza de haber sido víctimas de una batalla ajena, un recordatorio doloroso de los sacrificios que a menudo se exigen en el juego político.
El presidente de la Cámara de Senadores, Andrónico Rodríguez, agradeció a los bloqueadores, aunque reconoció que no eran necesarias esas acciones.
Esta crónica refleja no solo el sufrimiento humano, sino también la complejidad y las consecuencias de la lucha por el poder político en Bolivia.

