LA PAZ, 21 ago (El Libre Observador) – A menos de dos meses de la inédita segunda vuelta presidencial, Bolivia se enfrenta a un dilema político y económico de gran calado. El presidente Luis Arce anunció este jueves que convocará a los dos aspirantes que disputarán el balotaje del 19 de octubre —Rodrigo Paz, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), y Jorge “Tuto” Quiroga, de la alianza Libre— para compartir con ellos información sobre la grave crisis de divisas y la escasez de combustibles que han puesto al país bajo presión.
“Queremos mostrarles la situación económica por la que estamos atravesando. También el problema del combustible. Que vayan viendo desde ahora cómo encarar y resolver esta crisis”, declaró Arce desde la Casa Grande del Pueblo, en La Paz.
Según explicó, el objetivo es que el próximo gobierno no herede a ciegas un escenario en el que convergen la caída de reservas internacionales, el desplome del tipo de cambio paralelo y las dificultades para abastecer de gasolina y diésel al mercado interno.
La invitación, que será formalizada en los próximos días, busca abrir un canal de diálogo anticipado con los finalistas de una elección que marcará un hito: será la primera vez que Bolivia defina su presidencia en segunda vuelta. Pero también introduce un elemento inusual en la campaña: un presidente en funciones que, a mitad del proceso electoral, convoca a quienes podrían sucederlo para advertirles de la magnitud de la tormenta económica.
La doble crisis: divisas y combustibles
Desde 2023, la economía boliviana ha ido acumulando tensiones. La falta de dólares se convirtió en el síntoma más visible: mientras el tipo de cambio oficial permanece anclado en 6,96 bolivianos por dólar, en el mercado paralelo llegó a superar los 20 en mayo y, aunque se moderó en agosto hasta 13,46, sigue marcando una brecha enorme que distorsiona precios y multiplica el contrabando.
La escasez de divisas ha tenido un efecto dominó. Ha retrasado las importaciones de combustibles y generado escenas de largas filas en las gasolineras de las principales ciudades, con transportistas denunciando la paralización de cisternas por falta de pago y empresarios advirtiendo sobre el riesgo de quiebra en sectores dependientes del diésel.
La inflación, en consecuencia, se disparó. Entre enero y julio alcanzó un 16,9%, más del doble de la proyección oficial para todo el año. El incremento golpea con especial fuerza a la canasta básica y se suma a un descontento social que ya se traduce en protestas sectoriales y bloqueos de rutas.

Un país en transición política
La convocatoria de Arce se produce en un contexto de fragmentación política y de creciente incertidumbre. Los resultados de la primera vuelta confirmaron que el país dejó atrás el predominio de un solo bloque y se encamina a un escenario más disputado. Rodrigo Paz, de 45 años, ha emergido como la carta de renovación con un discurso de cambio generacional y un anclaje urbano. En contraste, Quiroga, de 65, recurre a su experiencia como expresidente (2001-2002) y a su perfil conservador para presentarse como garante de estabilidad.
Ambos candidatos deberán, sin embargo, atraer el voto de quienes apoyaron a las fuerzas que quedaron fuera de la contienda. Entre ellas destaca Unidad, de Samuel Doria Medina, que obtuvo casi el 20% de los sufragios y cuyo electorado podría definir el desenlace.
Democracia bajo vigilancia
El proceso electoral de agosto estuvo acompañado por más de 3.500 observadores nacionales e internacionales, entre ellos misiones de la OEA, la Unión Europea y Naciones Unidas. El despliegue fue interpretado como un intento de blindar la credibilidad de la votación tras la traumática experiencia de 2019, cuando denuncias de fraude electoral desembocaron en la salida de Evo Morales, una crisis institucional y decenas de muertos en enfrentamientos.
En esta ocasión, el Tribunal Supremo Electoral introdujo el Sistema de Resultados Electorales Preliminares (Sirepre), que permitió divulgar conteos rápidos consistentes con el cómputo oficial y redujo las sospechas sobre manipulación de datos.
La elección de octubre no es solo un duelo entre Paz y Quiroga. El próximo presidente asumirá en noviembre con un país en recesión técnica, reservas internacionales en mínimos históricos y un modelo económico agotado tras más de una década de depender de las rentas del gas. Todo ello, en el Bicentenario de 2025, cuando Bolivia celebra 200 años de independencia en medio de desafíos que pondrán a prueba su cohesión social y política.
Al convocar a los candidatos antes de que se resuelva el balotaje, Arce busca preparar el terreno para un traspaso de mando “democrático y responsable”. Pero también lanza una advertencia: la próxima administración tendrá que enfrentar de inmediato la escasez de divisas y de combustibles, un contexto que no deja margen para la improvisación.
En este sentido, el gesto del presidente saliente revela tanto la magnitud de la crisis como la fragilidad de la transición política. El desenlace de octubre no solo definirá quién gobierne Bolivia, sino también si el país logra transitar de manera ordenada una coyuntura que amenaza con desbordar su democracia y su economía.


