LA PAZ, 24 jul (El Libre Observador) — Treinta y cuatro años después de que dos presidentes sellaran un acuerdo destinado a acercar a Bolivia al océano Pacífico, serán sus hijos quienes intenten rescatar aquella promesa. El presidente boliviano, Rodrigo Paz, viajará el próximo 28 de julio a Lima para asistir a la investidura de Keiko Fujimori como presidenta de Perú. Pero el simbolismo familiar será apenas el telón de fondo de una cita con implicaciones geopolíticas: ambos mandatarios abrirán una nueva etapa en una relación bilateral marcada por la integración fronteriza, el comercio y la histórica aspiración boliviana de fortalecer su salida al mar.
El canciller Fernando Aramayo confirmó este viernes que Paz sostendrá una reunión bilateral con la nueva presidenta peruana antes de la ceremonia de posesión. En esa agenda, dijo, uno de los asuntos prioritarios será Ilo, el puerto del sur peruano donde Bolivia conserva, desde 1992, el derecho de uso de una franja costera de cinco kilómetros y un área terrestre contigua durante 99 años, un proyecto que nunca llegó a consolidarse plenamente.
«Sin lugar a dudas nos interesa Ilo. Ilo es un espacio que tenemos que recuperar», afirmó Aramayo, dejando entrever que el nuevo Gobierno pretende convertir ese enclave en uno de los ejes de su política exterior y de su estrategia logística para reducir la dependencia de otros corredores comerciales hacia el Pacífico.
La declaración llega en un momento de redefinición política en la región andina. La llegada de Keiko Fujimori al Palacio de Gobierno peruano abre un nuevo ciclo para Lima, mientras Bolivia busca estabilizar su economía tras meses de turbulencias financieras y de tensiones internas. En ese contexto, el acercamiento entre ambos gobiernos podría traducirse en una agenda más pragmática, centrada en infraestructura, comercio e inversiones, en un escenario sudamericano donde los países intentan reforzar la integración frente a un entorno internacional cada vez más fragmentado.

Más allá del puerto de Ilo, Aramayo adelantó que ambos gobiernos reinstalarán la mesa binacional, un mecanismo de coordinación que contará con financiamiento de la CAF para impulsar proyectos conjuntos. También mencionó la intención de avanzar en el denominado proyecto Guaqui, una iniciativa impulsada directamente por Rodrigo Paz sobre la que el Ejecutivo aún mantiene reserva, así como revitalizar los programas de recuperación de la cuenca compartida del sistema Desaguadero-Titicaca.
La agenda incorpora además asuntos menos visibles, pero igualmente estratégicos: la gestión migratoria, el fortalecimiento del intercambio comercial y la promoción del patrimonio cultural común entre dos países cuyas sociedades permanecen profundamente conectadas por la historia, la geografía y la presencia de comunidades aymaras a ambos lados de la frontera.
El encuentro entre Paz y Fujimori posee además una inevitable carga histórica. En enero de 1992, Jaime Paz Zamora y Alberto Fujimori firmaron el Acuerdo de Ilo, que concedió a Bolivia un acceso privilegiado a la costa peruana como una alternativa para potenciar su comercio exterior. Sin embargo, las sucesivas crisis políticas en ambos países, la falta de inversiones y los cambios de prioridades dejaron el proyecto prácticamente congelado.
Ahora, con una nueva generación al frente de ambos gobiernos, La Paz intenta convertir aquel legado diplomático en una herramienta efectiva de integración económica. Para Bolivia, país mediterráneo desde la Guerra del Pacífico de 1879, cualquier iniciativa que amplíe sus opciones de acceso al océano conserva un profundo valor estratégico, aunque no altere su histórica reivindicación marítima frente a Chile.
La visita de Rodrigo Paz a Lima será, por tanto, mucho más que un gesto protocolar hacia una nueva mandataria. Representa el intento de reactivar un capítulo inconcluso de la diplomacia andina y de medir hasta dónde la coincidencia entre dos apellidos que marcaron una época puede transformarse ahora en una renovada oportunidad política para ambos países.

