LA PAZ, 28 nov (El Libre Observador) – El presidente boliviano Rodrigo Paz reorganizó este viernes la cúpula de la Policía Boliviana, apenas veinte días después de haber asumido la conducción del país. La decisión, presentada como un gesto “difícil pero necesario”, apunta a marcar distancia con viejas estructuras de poder interno y a enviar un mensaje político de recomposición y disciplina dentro de una institución que encara un profundo desgaste ante la opinión pública.
El general Mirko Antonio Sokol Saravia, reconocido por su gestión al frente de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV), fue posesionado como nuevo comandante general en reemplazo de Augusto Russo, recientemente criticado por el vicepresidente Edmand Lara.
Junto a él asumieron el general Juan Peña Rojas, nuevo subcomandante y jefe del Estado Mayor, y el general Gunther Agudo Mendoza, quien ocupará la Inspectoría General. Con este movimiento, Paz busca instalar un equipo de mando alineado con su propuesta de “restaurar la ética” en las fuerzas de seguridad.
Sokol, vestido con su uniforme de gala, tomó la palabra para subrayar una promesa que quiso dejar registrada desde el primer día: una lucha frontal contra la corrupción policial. “Esa es la misión que tenemos como policías: trabajar para los demás”, dijo.
El comandante, visiblemente enfático, afirmó que en más de dos décadas de servicio “jamás” recibió dinero indebido de un ciudadano o funcionario y calificó como “una aberración” que un oficial acepte sobornos. “Mi integridad, mi dignidad, mi honor y mi apellido no tienen precio”, declaró ante el mandatario, en un mensaje que buscó marcar un punto de inflexión en la cultura institucional.
El presidente Paz recogió ese tono y lo amplificó. Con un discurso que combinó admonición moral y voluntad política, aseguró que el relevo del alto mando responde al esfuerzo por impedir la continuidad de “grupos de poder vinculados a la corrupción” dentro de la Policía.

Subrayó que la apuesta del Gobierno es rodearse de “hombres de bien” para recuperar la confianza ciudadana, una confianza que —advirtió— “hoy está quebrada”. La población, dijo, “le falta el respeto a la Policía”, una señal del deterioro que su administración pretende revertir.
Paz insistió en que el comportamiento ético deberá ser el nuevo patrón de referencia. “La regla es sencilla: cuando un hombre desconfía es porque miente”, señaló, instando a los nuevos jefes a actuar “con la verdad por delante” para que la gente deje de mirar con recelo los operativos policiales.
Ese mensaje, lanzado desde el corazón del poder político boliviano, reveló el carácter simbólico del acto: no solo un cambio de nombres, sino un intento por reanimar una institución clave en un país que arrastra tensiones políticas y desconfianza estructural hacia sus organismos de seguridad.

