LA PAZ, 26 nov (El Libre Observador) — Después de una semana en los que la fractura dentro del Ejecutivo fue exhibida a plena luz, el vicepresidente Edmand Lara eligió este miércoles un acto cargado de simbolismo para enviar un mensaje que busca cambiar el clima político: una invitación pública al presidente Rodrigo Paz Pereira para superar diferencias y “trabajar juntos” por un país que, dijo, “no admite más distancias” entre quienes conducen el Estado.
La escena transcurrió en la Vicepresidencia, un edificio donde suelen anunciarse gestos calculados y donde este miércoles, en cambio, predominó un aire de reparación. Lara recibió el bastón de mando entregado por autoridades de la Nación Jatun Killaka Asanajaqi Jakisa y de la Federación Sindical Originaria Regional Caracollo, organizaciones que le expresaron respaldo explícito en medio del desencuentro que ha marcado la vida pública boliviana en las últimas semanas. Con el bastón en la mano, el Vicepresidente habló con un tono que combinó solemnidad y advertencia.
“La patria es más grande que nuestras discrepancias”, sostuvo, antes de llamar al Presidente a recomponer la relación institucional. Recalcó que Bolivia se encuentra ante una “prueba grande”, la de demostrar que “dos mundos pueden construir un solo destino”, y que el Bicentenario de 2025 no debería ser “solo una fecha”, sino un punto de inflexión para cerrar heridas acumuladas.
El gesto conciliador no borró, sin embargo, el contexto que lo rodea. Un día antes, el propio Lara había expresado su preocupación por la posibilidad de que “algún iluminado” intente designar por decreto a las nuevas autoridades del Tribunal Constitucional Plurinacional y del Tribunal Supremo de Justicia, en referencia velada al Presidente.

El episodio no hizo sino reforzar la tensión dentro del Ejecutivo y acelerar la convocatoria de una sesión extraordinaria de la Asamblea Legislativa para intentar destrabar la paralizada elección judicial.
En este clima, su llamado a la unidad adquiere una lectura doble: un intento de bajar el tono de la confrontación y, al mismo tiempo, un recordatorio de que el equilibrio institucional sigue siendo frágil.
“Ninguna decisión del gobierno puede estar por encima de la sensibilidad social”, dijo Lara, al explicar que el bastón de mando será, desde ahora, una guía personal para actuar en favor “de los más necesitados”.
El Vicepresidente dedicó también un tramo de su discurso a marcar límites ideológicos. Ante sectores que cuestionan el modelo estatal vigente, afirmó con firmeza: “Este es un Estado Plurinacional y se respeta. No vamos a permitir que lo cambien”.
La frase, pronunciada ante organizaciones indígenas que históricamente han respaldado al proceso plurinacional, funcionó como advertencia y como reafirmación política.
El acto dejó además un detalle simbólico que Lara no pasó por alto: la imposibilidad de que los comunarios ingresaran a la Plaza Murillo, epicentro del poder político boliviano.
“Me duele que no los dejen entrar”, lamentó, denunciando un trato discriminatorio que prometió llevar por escrito al presidente Paz Pereira. “Yo no quiero la división de Bolivia”, añadió, en un mensaje que buscó alinear la demanda social con su llamado al diálogo político.
Lara intenta abrir una vía formal para recomponer una relación que se ha deteriorado frente a la opinión pública y que amenaza con agudizar la disputa institucional en un año clave para Bolivia.

