LA PAZ, 10 sep (El Libre Observador) — En un ambiente de alta tensión política y social, decenas de miles de trabajadores bolivianos y sectores populares, liderados por la Central Obrera Boliviana (COB), irrumpieron este martes en la plaza Murillo de La Paz, centro neurálgico del poder en el país, para rodear la Asamblea Legislativa y exigir la aprobación de leyes clave que han sido paralizadas desde hace más de un año.
La movilización, que partió desde la ciudad de El Alto, recorrió más de cinco kilómetros hasta llegar al corazón del poder político, con un solo objetivo: presionar al Legislativo para que destrabe los proyectos que, según los líderes sindicales, son vitales para la estabilidad económica y social de Bolivia.

La marcha, convocada bajo el lema de «Defensa de la democracia y la economía», fue una demostración masiva de fuerza, con miles de personas ocupando las calles y avanzando hacia la Asamblea Legislativa en medio de cánticos, banderas y pancartas que exigían acciones concretas. La presión principal recae sobre la aprobación de créditos internacionales y la reforma de la ley de pensiones, estancadas en el Congreso desde el año pasado.
Al arribar a la plaza Murillo, la multitud encontró resistencia. Frente al antiguo edificio de la Asamblea, un grupo de mujeres afines al ala “evista” del MAS—partidarias del expresidente Evo Morales—se manifestaron, defendiendo su postura contraria al gobierno del presidente Luis Arce.
La confrontación no tardó en escalar, y se desataron violentos enfrentamientos entre los dos grupos. Los marchistas, exasperados por la falta de respuestas, respondieron con violencia, aumentando la tensión en una jornada ya marcada por la crispación política.

A pesar de estos choques, la Policía, inusualmente, no intervino para detener el acceso de los manifestantes a la plaza, una decisión que marca un contraste con el manejo de otras protestas recientes.
Desde las puertas del Legislativo, el líder de la COB, Juan Carlos Huarachi, uno de los principales aliados del gobierno de Arce, declaró vigilia permanente. “No nos moveremos hasta que se aprueben las leyes que el país necesita”, proclamó ante la multitud.
La exigencia es clara: la aprobación inmediata de créditos internacionales que ayudarían a aliviar la crisis económica y la reforma a la ley de pensiones, una medida que ha generado divisiones profundas en la sociedad boliviana, especialmente por la propuesta de aumentar la edad de jubilación a 65 años.
La facción de Evo Morales, que domina parte del Legislativo, ha bloqueado repetidamente estas propuestas, lo que ha generado un clima de frustración creciente entre los sectores que apoyan al gobierno actual. Para Huarachi y sus seguidores, la falta de avances legislativos es inaceptable y sólo la presión popular puede cambiar el rumbo de los acontecimientos.
Lo que ocurre en la plaza Murillo es solo el reflejo de una lucha más profunda que atraviesa al Movimiento al Socialismo (MAS). Mientras que el gobierno de Luis Arce busca consolidar su agenda económica y social, el ala radical “evista” del partido, leal al expresidente Morales, ha adoptado una postura contestataria, aliándose incluso con sectores de la oposición para obstaculizar ciertas reformas clave.

Este choque de poder dentro del propio partido gobernante ha paralizado el Congreso y, con ello, las esperanzas de muchos sectores que dependen de la aprobación de créditos y reformas.
En su discurso frente a la multitud, Huarachi fue más allá de las demandas legislativas y se adentró en la cuestión económica. Criticó la fuga de capitales y la falta de inversión extranjera directa, enfatizando que Bolivia necesita empresarios comprometidos que traigan dólares al país en lugar de mantener sus capitales en el exterior.
En este sentido, reafirmó la propuesta de la COB de controlar las divisas para evitar que las empresas continúen llevando sus ganancias fuera del país, una medida que, aunque controvertida, busca frenar la crisis de divisas que golpea la economía nacional.
Además, el líder sindical subrayó la urgencia de atender los incendios forestales en el oriente del país, que han devastado más de 3,8 millones de hectáreas. En este contexto, instó al gobierno a priorizar los recursos necesarios para mitigar el fuego, sin descuidar las demandas económicas de los sectores trabajadores.

La COB ha convocado un ampliado para el miércoles, en el que se decidirán nuevas acciones de presión. La vigilia en la plaza Murillo sigue en pie, y la expectativa de que las demandas sean atendidas crece a medida que se intensifica la tensión política en el país.
La marcha y el plantón no son solo una expresión de descontento popular, sino una señal de que el conflicto entre las distintas facciones del MAS podría escalar aún más.
En medio de este panorama, el futuro de las reformas y de la propia gobernabilidad de Bolivia penden de un hilo, mientras las calles de La Paz se convierten en el escenario de una batalla política que amenaza con desbordar los márgenes del diálogo.

