LA PAZ, 19 oct (El Libre Observador) — Con el rostro sereno y rodeado de cámaras, Rodrigo Paz se abrió paso entre los votantes del colegio Narciso Campero, en el sur de Tarija. Saludó a los vecinos y seguidores, tras depositar la papeleta, habló con tono pausado: “El verdadero ganador de este balotaje debe ser Bolivia. La transparencia y la legitimidad son primordiales”.
Por primera vez en su historia reciente, el país elige presidente en segunda vuelta, en una contienda que enfrenta a Paz, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), con el exmandatario Jorge “Tuto” Quiroga, de la alianza Libre. “Pedimos que los resultados sean respetados, sea cual sea la decisión del pueblo. Aceptar el resultado es el gesto más democrático que puede tener una nación”, añadió el político de 58 años, heredero de una familia de larga trayectoria en la política boliviana.
Paz dio la sorpresa en la primera vuelta al obtener el 32,1 % de los votos —cinco puntos por encima de Quiroga— pese a haber comenzado la campaña relegado al quinto lugar. Hoy, convertido en figura central del nuevo mapa político, insiste en un mensaje de reconciliación.
“Nos han enseñado últimamente a odiarnos. Tenemos que volver a querernos, a confiar unos en otros. Lo que viene será duro, y sin cariño ni compromiso será difícil salir adelante”.
El candidato votó acompañado de su familia y evitó los discursos triunfalistas. Su tono fue más bien de calma: llamó a los ciudadanos a actuar con serenidad y a los líderes a evitar provocaciones. “Bolivia vive un momento complejo, pero también lleno de oportunidades”, dijo antes de retirarse del recinto electoral. “Si Dios y el pueblo nos dan la posibilidad, trabajaremos con todos por un solo objetivo: que gane Bolivia”.
En la recta final de la campaña, Paz ha hecho de la moderación y el consenso sus banderas, en contraste con el tono polarizado que marcó la política boliviana durante los últimos años. Prometió abrir un ciclo de diálogo amplio y, si llega a gobernar, tender puentes con todas las fuerzas representadas en el Parlamento.

“Si el pueblo nos da la oportunidad de presidir el país, la apertura será total. Y si decide otra cosa, respetaremos la decisión. Lo importante es ayudar entre todos a que Bolivia salga adelante”.
Más de 7,9 millones de ciudadanos fueron convocados este domingo a votar dentro y fuera del país, distribuidos en 34.026 mesas de sufragio. La jornada se desarrolló con tranquilidad, bajo la vigilancia de misiones de la OEA, la Unión Europea y las Naciones Unidas, que observan un proceso inédito instaurado tras la Constitución de 2009.
El país llega a las urnas en medio de una crisis económica profunda, marcada por la escasez de combustibles, la falta de divisas y las presiones inflacionarias. La ausencia del Movimiento al Socialismo (MAS), la fuerza dominante de las últimas dos décadas, ha abierto un nuevo escenario político que muchos analistas interpretan como el fin de un ciclo y el comienzo de otro.
El próximo presidente asumirá el 8 de noviembre, apenas tres semanas después de esta votación que, más que definir un nombre, podría redefinir el espíritu político del país. En palabras de Paz, “Bolivia tiene la oportunidad de reencontrarse consigo misma”.

