LA PAZ, 27 feb (El Libre Observador) — Lo que durante meses fue una ruptura silenciosa, finalmente se ha convertido en un cisma irreparable: Evo Morales, el líder que llevó al Movimiento al Socialismo (MAS) al poder y gobernó Bolivia por casi 14 años, ha renunciado oficialmente a la militancia del partido que él mismo lideró casi tres décadas.
Su dimisión, presentada ante el Órgano Electoral, marca el epílogo de una relación que, a pesar de su desgaste, fue el pilar del proyecto político que transformó el país en las últimas décadas.
El alejamiento de Morales del MAS es más que un trámite burocrático; representa el punto culminante de una lucha interna que ha fracturado al oficialismo en dos facciones irreconciliables.
De un lado, el sector liderado por el presidente Luis Arce, que consolidó el control del partido con el respaldo del Tribunal Constitucional Plurinacional; del otro, Morales y su ala “evista”, que ahora buscan abrirse camino fuera del movimiento que los llevó al poder.
Desde su bastión en el Trópico de Cochabamba, Morales no tardó en reafirmar su intención de postularse en las elecciones presidenciales de 2025 bajo la sigla del Frente para la Victoria (FPV).

Sin embargo, su candidatura enfrenta un obstáculo legal insalvable: un fallo constitucional de 2023 que prohíbe la reelección indefinida y que le impediría competir nuevamente. Aun así, su estrategia es clara: desafiar al sistema y forzar una reinterpretación de la norma, en un pulso que promete ser largo y turbulento.
La crisis del MAS se refleja en una ola de renuncias masivas. En solo dos días, más de 1.600 militantes abandonaron el partido, mientras que los legisladores leales a Morales han optado por mantenerse en sus cargos para evitar ser sancionados por transfugio político.
En paralelo, el expresidente enfrenta una orden de aprehensión en su contra por acusaciones de trata de personas y estupro, lo que ha limitado su movilidad y reforzado su estrategia de atrincheramiento en Cochabamba.
La salida de Morales del MAS no solo redefine el mapa político boliviano, sino que también plantea una pregunta clave: ¿puede el expresidente reconstruir su liderazgo sin el aparato que lo sostuvo durante casi tres décadas? En un país marcado por la polarización y la incertidumbre, su salida del MAS es el inicio de un nuevo capítulo en la lucha por el poder.


