LA PAZ, 1 abr (El Libre Observador) – Bolivia enfrenta una de sus peores emergencias climáticas en décadas y ha solicitado este martes ayuda a la comunidad internacional para atender las devastadoras inundaciones que han golpeado al país desde noviembre del año pasado a la fecha. Las intensas lluvias han dejado municipios anegados, miles de familias damnificadas y una infraestructura gravemente afectada.
La canciller Celinda Sosa hizo un llamado urgente a los representantes del cuerpo diplomático acreditado en el país, instándolos a colaborar en la gestión de apoyo internacional.
“Hermanas y hermanos, los hemos convocado hoy para ponerles al tanto sobre nuestra compleja situación y para pedirles cooperación y colaboración. En estos momentos, aún se puede recuperar parte de la producción agropecuaria y ganadera en el país”, expresó la ministra de Relaciones Exteriores.
Desde finales de 2024, el impacto del temporal ha sido catastrófico. Según datos oficiales, 209 municipios han resultado afectados, 452.067 familias damnificadas, 2.596 viviendas dañadas y 818 completamente destruidas.
El saldo humano es trágico: al menos 52 personas han perdido la vida. Además, se estima que 64.000 hectáreas de cultivos han sido devastadas, lo que representa el 2,2 % de las tierras productivas del país, amenazando la seguridad alimentaria y la economía de miles de productores.
Para enfrentar la crisis, el Gobierno boliviano ha solicitado la aprobación urgente de dos créditos internacionales por un total de 350 millones de dólares, con el fin de mitigar los daños y acelerar la respuesta ante la emergencia. “Necesitamos actuar con urgencia, rapidez y eficacia para evitar más pérdidas humanas y materiales en el país”, subrayó Sosa.

UNA CRISIS NACIONAL SIN PRECEDENTES
El 26 de marzo, Bolivia declaró la emergencia nacional, lo que permite al país acceder a cooperación internacional y movilizar recursos de manera más expedita.
Sin embargo, la magnitud del desastre sigue creciendo. Todas las regiones del país han sido afectadas, pero los departamentos de La Paz, Chuquisaca, Cochabamba, Santa Cruz y Potosí han sido los más golpeados, con pueblos enteros aislados por el colapso de puentes y carreteras.
Los efectos de las lluvias han sido devastadores: viviendas arrasadas, cultivos destruidos, ganado muerto y poblaciones enteras sumidas en el aislamiento.
Según el Servicio Nacional de Hidrología y Meteorología (Senamhi), las precipitaciones registradas en los últimos meses han superado los récords históricos de las últimas cuatro décadas, reflejando un patrón extremo que, según expertos, está directamente vinculado al cambio climático.
“Necesitamos la ayuda humanitaria y la solidaridad de todos ustedes. Es urgente cubrir las necesidades básicas de miles de familias que han perdido sus casas y sus fuentes de sustento económico”, insistió la canciller Sosa ante los diplomáticos.

EL IMPACTO DEL CAMBIO CLIMÁTICO
La crisis que atraviesa Bolivia no es un hecho aislado. Según la canciller, el país enfrenta los efectos de una crisis climática global, a la que calificó como un “fenómeno irreversible”.
En ese sentido, urgió a reforzar las políticas de prevención y respuesta ante desastres naturales, tanto a nivel nacional como internacional.
Bolivia, con su variado ecosistema y una economía que depende en gran parte de la producción agrícola, se encuentra en una posición vulnerable frente a los eventos climáticos extremos.
Las actuales inundaciones han puesto en evidencia la necesidad de fortalecer la infraestructura, mejorar los sistemas de alerta temprana y garantizar mecanismos de cooperación internacional más eficaces.
Mientras el país sigue luchando contra los estragos del temporal, la respuesta de la comunidad internacional será crucial para determinar el rumbo de la recuperación y la resiliencia de las poblaciones afectadas.


