LA PAZ, 26 feb (El Libre Observador) — En un momento de fragilidad económica y tensiones políticas, la CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe presentó en La Paz una hoja de ruta financiera y política para Bolivia y confirmó un piso de financiamiento de 3.100 millones de dólares hasta 2030, una señal de respaldo externo que busca sostener la inversión pública y reactivar el crecimiento en los próximos años.
La ‘Estrategia País’ 2025-2030, entregada por el presidente ejecutivo del banco, Sergio Díaz-Granados, al presidente Rodrigo Paz, no es solo un documento técnico. Es, sobre todo, una declaración de confianza en la capacidad del país para encarar reformas y ejecutar proyectos en un contexto regional marcado por la desaceleración y la restricción del crédito internacional.
Díaz-Granados subrayó que cerca del 30% de los recursos ya está en ejecución, una cifra que busca mostrar tracción inmediata. En una primera fase, el directorio de CAF aprobó 918 millones de dólares, entre desembolsos iniciales y nuevos recursos destinados principalmente a infraestructura. “Es un piso”, insistió el ejecutivo, dejando abierta la puerta a ampliar el financiamiento si la ejecución avanza y el entorno político acompaña.

El destino de los fondos apunta a infraestructura productiva, servicios básicos y proyectos estratégicos, con ejemplos concretos sobre la mesa: una planta de tratamiento de aguas residuales en Tarija y una planta solar en Uyuni, además de cooperaciones técnicas no reembolsables para educación, inclusión financiera y fortalecimiento institucional. El banco también acompañará la estructuración de grandes proyectos, una de las debilidades históricas del Estado boliviano.
El presidente de CAF recordó el rol fundacional de Bolivia en la creación del organismo en 1968 y destacó la fortaleza financiera del banco, que se ha consolidado como uno de los principales emisores multilaterales de la región, con miles de millones de dólares colocados en bonos en los últimos años. Ese músculo —sugirió— permite a CAF jugar un papel contracíclico en economías bajo presión.
Más allá de los números, el mensaje fue político. Díaz-Granados llamó a la unidad nacional y a la necesidad de reformas que acompañen la inversión, en un país atravesado por disputas internas y señales de desgaste institucional. “Estamos aquí para acompañar la transformación que quiere el pueblo boliviano”, afirmó, comprometiendo una presencia sostenida del organismo hasta 2030.
El documento estratégico, elaborado junto al Gobierno, la academia, el sector privado y actores sociales, fija prioridades en infraestructura, educación, salud y turismo. Para Bolivia, el acuerdo representa algo más que financiamiento: es un balón de oxígeno en un ciclo económico complejo y una apuesta externa a que, esta vez, los proyectos se traduzcan en crecimiento y cohesión social.

