LA PAZ, 4 abr (El Libre Observador) — Lo que comenzó como una relación política forjada en la lealtad sindical y la resistencia compartida al poder, ha terminado en una grieta profunda y expuesta. El vínculo entre Evo Morales y Andrónico Rodríguez, alguna vez discípulo privilegiado del expresidente boliviano, atraviesa hoy uno de sus momentos más tensos, alimentado por celos, traiciones, errores y disputas de liderazgo que reflejan la fragmentación del evismo.
El quiebre entre Morales y Rodríguez no es solo una disputa personal; es un síntoma de algo más profundo: la transformación del liderazgo político en Bolivia. Una generación que fue criada bajo la sombra de Evo comienza a reclamar su propio lugar, aún a costa de romper con quien les dio el primer impulso.
La historia reciente del quiebre se remonta a un mensaje nostálgico publicado por Rodríguez el 23 de marzo, acompañado de una imagen de 2014, cuando tenía apenas 26 años y lideraba las bases universitarias del bastión cocalero en el Trópico de Cochabamba.
“Gran recuerdo de tiempos y momentos singulares, cuando todo estaba bien”, escribió en redes sociales. Para muchos, fue la señal más clara de que el distanciamiento con Evo ya no era rumor, sino una realidad visible.
El conflicto se tornó público el 22 de enero, en una conmemoración del Día del Estado Plurinacional en Cochabamba, donde Andrónico tomó la palabra en ausencia de Morales.
“Yo le digo: debe sentirse orgulloso, y no celoso, de muchos jóvenes… que siguen sus pasos”, lanzó el presidente del Senado, despertando la molestia del exmandatario, quien respondió a distancia: “Algunos hermanos dicen ‘Andrónico presidente’. Con eso solo están desgastando al hermano Andrónico”.

CRÍTICAS INTERNAS Y ALIANZA SIN SU HEREDERO
Las tensiones crecieron. El 7 de febrero, durante una reunión del MAS en Tiraque, Morales arremetió contra el entorno de Rodríguez.
“Estoy molesto, no con Andrónico, sino con algunos funcionarios que dicen: ‘Este fin de semana al viejo se lo llevan a Estados Unidos y Andrónico presidente’”. Aunque intentó matizar, su mensaje fue directo: había una campaña interna de desgaste.
El 20 de febrero, Morales selló una nueva alianza política con el Frente Para la Victoria (FPV), tras perder la dirigencia del MAS por orden del Tribunal Constitucional.
Rodríguez, ausente del acto y sin pronunciamiento al respecto, fue deliberadamente apartado de la jugada. El mensaje era claro: Evo avanzaba sin él.
AUSENCIAS Y TRAICIONES
Días después, en el Congreso Refundacional del llamado “instrumento político”, el bloque evista oficializó a Morales como su candidato para 2025 y creó el partido Evo Pueblo.
Rodríguez no asistió. Alegó problemas de salud, pero sus correligionarios no le creyeron. “Segundo traidor”, lo llamó el diputado Anyelo Céspedes. Para Renán Cabezas, Andrónico era ya “el candidato de la derecha”.
El senador respondió con indignación: “Claramente, están emprendiendo una campaña de desprestigio hacia mi persona”. Aunque evitó nombrar a Morales, dejó entrever que los ataques obedecían a una estrategia orquestada.

LEALTAD AL DESENCANTO
El punto de quiebre definitivo llegó el 2 de abril, cuando Rodríguez, sin aludir directamente a Evo, le imputó responsabilidades por la división del MAS, la elección del actual presidente Luis Arce y la situación de crisis que atraviesa el país.
“¿Quién traicionó a quién? ¿Quién cometió el error al elegir al actual presidente? ¿Quiénes son responsables de la división? ¿Quién está en el camino equivocado?”, se preguntó con dureza. Y concluyó: “Que el pueblo sea quien juzgue”.
La fractura entre Evo Morales y Andrónico Rodríguez no solo reconfigura el tablero interno del movimiento cocalero y el masismo, sino que exponen la tensión entre una vieja guardia que se resiste a ceder el poder y una nueva generación que exige protagonismo.
El evismo, que por años operó bajo una lógica vertical y caudillista, enfrenta ahora su desafío más complejo: sobrevivir sin fracturarse del todo.

