LA PAZ, 26 jun (El Libre Observador) — El presidente Luis Arce ha lanzado una señal que va más allá de un simple gesto de apertura política. En plena efervescencia preelectoral, el mandatario boliviano anunció que su eventual candidatura al Senado, propuesta por las organizaciones sociales afines al Movimiento Al Socialismo (MAS), queda “a disposición”.
Lo hizo con serenidad, pero en un momento cargado de tensiones internas, denuncias no confirmadas de manipulación institucional y una fractura cada vez más evidente dentro del partido que gobierna Bolivia desde hace dos décadas.
“Cuando desistí de la candidatura presidencial, las organizaciones sociales me pidieron que no me aleje y que pudiera ir como senador. Aceptamos. Pero nuestro nombre queda a disposición”, dijo Arce en una entrevista televisiva, al confirmar que el MAS está reordenando sus listas de candidatos con participación de sus bases.
No fue una renuncia, pero sí un gesto de distensión hacia un bloque oficialista que, lejos de marchar unido, parece avanzar hacia las elecciones de 2025 a paso incierto y con el ala radical que respalda a Evo Morales cada vez más confrontacional.

EL FANTASMA DE LA INHABILITACIÓN
Los ecos de conspiración resonaron con fuerza días atrás, cuando versiones afirman de un presunto plan político que buscaría inhabilitar candidaturas clave, modificar la composición del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) y el Tribunal Supremo Electoral (TSE), e incluso permitir el “traspaso” de candidaturas entre partidos bajo la consigna de una supuesta “unidad de la izquierda”.
La denuncia no ha sido confirmada por instancias oficiales, pero el solo hecho de su circulación masiva ha agitado el ambiente electoral y encendido las alarmas.
Arce no se quedó en silencio. “No sé quiénes están detrás, pero esto es un atentado contra la propia población. El país necesita certezas”, dijo, rechazando de forma enfática cualquier intento por alterar el curso democrático.
El mandatario remarcó que en Bolivia “ya no estamos para ese tipo de cosas” y recordó que todos los actores —el Ejecutivo, el Legislativo, el Órgano Judicial, el TSE y los candidatos— firmaron un acuerdo para garantizar elecciones en paz. “Las elecciones tienen que realizarse”, zanjó.

FRACTURAS INTERNAS Y PODER EN DISPUTA
El telón de fondo es una batalla interna sin tregua. Arce, que llegó al poder con el respaldo de Evo Morales en 2020, terminó distanciándose del expresidente en una disputa que ha pasado de los gestos a las maniobras institucionales.
Morales, declarado candidato presidencial por el congreso paralelo del MAS en Lauca Ñ, desafía abiertamente la conducción de Arce, mientras su bloque intenta forzar su habilitación mediante caminos legales, sociales y políticos.
En paralelo, el sector renovador del MAS —alineado con Arce— impulsa alianzas con sectores sociales, gobernadores y alcaldes, y busca una salida ordenada a la pugna interna, apostando por una candidatura que no repita los liderazgos del pasado.
El conflicto ha llegado hasta la Asamblea Legislativa, donde la falta de acuerdos ha bloqueado créditos internacionales, obstaculizado leyes económicas y retrasado reformas clave.
Arce no ha dejado de advertir que la “asfixia política” que sufre su gestión desde el Legislativo afecta la economía, el acceso a dólares y la estabilidad institucional.
¿UN MAS SIN EVO NI ARCE?
En este complejo panorama, la posibilidad de que ni Arce ni Morales sean candidatos en 2025 ya no es una hipótesis remota. La tensión ha crecido al punto de que algunas voces hablan de una tercera opción “de consenso” o de una eventual ruptura definitiva del MAS tal como se lo conoció en los últimos 18 años.
Mientras tanto, Bolivia se adentra en un proceso electoral cargado de incertidumbres, con el calendario apretado, el Tribunal Supremo Electoral bajo presión y una ciudadanía expectante, que parece reclamar certezas en lugar de maniobras.
Y aunque Arce diga que su nombre está “a disposición”, lo cierto es que la batalla por el control del MAS —y del futuro político del país— está lejos de haber terminado.


