LA PAZ, 3 jul (El Libre Observador) — El presidente boliviano Luis Arce sorprendió este jueves al presentar su renuncia a la candidatura como primer senador por La Paz, apenas unas horas antes de que venza el plazo oficial para modificar las listas de candidatos rumbo a las elecciones generales del 17 de agosto. El gesto, interpretado como un intento de preservar la unidad interna del Movimiento Al Socialismo (MAS), deja en evidencia las fisuras no resueltas dentro del partido gobernante.
“Ha decidido que ese cargo lo ocupe otra persona importante y ha presentado su renuncia ante el Tribunal Supremo Electoral”, confirmó Eduardo Del Castillo, actual candidato presidencial del MAS, al justificar la medida como una señal de apertura a sectores sociales y liderazgos emergentes.
Pero detrás del discurso de unidad, la retirada de Arce revela una estrategia defensiva ante una contienda que se perfila como una de las más fragmentadas y polarizadas desde el retorno a la democracia. También apunta al reacomodo de fuerzas internas en un partido que aún no ha cicatrizado la fractura política entre el presidente en ejercicio y su exjefe político, Evo Morales.
Una figura entre dos tiempos
Arce, que finaliza su mandato presidencial en noviembre, había sido inscrito como candidato al Senado por La Paz, una movida que combinaba la búsqueda de continuidad política con la intención de ejercer influencia desde el Legislativo en el próximo ciclo institucional. Su retiro de la contienda legislativa, más que un repliegue, parece un cálculo para evitar mayores roces dentro del bloque oficialista.
Analistas locales coinciden en que la renuncia apunta a preservar su capital político en lugar de arriesgarse a una eventual derrota simbólica o a convertirse en blanco de disputas internas por espacios legislativos.

Una pugna no resuelta
Desde 2021, el MAS ha estado envuelto en una lucha intestina entre el ala moderada, encabezada por Arce y el vicepresidente David Choquehuanca, y el sector radical, dirigido por Evo Morales, quien insiste en postularse nuevamente a la presidencia pese a su inhabilitación por parte del Tribunal Constitucional.
Aunque Arce fue elegido en 2020 como candidato “consensuado” por Morales tras el interinato de Jeanine Áñez, su gestión rápidamente se distanció del expresidente al no ceder el control político y no facilitar su retorno al poder. La tensión escaló con denuncias cruzadas de traición, corrupción y judicialización de adversarios internos.
Desde entonces, la lucha por el control del MAS se ha traducido en dobles dirigencias, congresos paralelos, y batallas por el uso del símbolo partidario, situación que ha debilitado la estructura nacional y desconcertado a las bases históricas del movimiento.

Reacomodo electoral y señales al electorado
El MAS llega a los comicios con tres frentes internos: el binomio Arce–Del Castillo, que representa la continuidad institucional; el ala evista, marginada por la justicia electoral pero con fuerte respaldo rural; y el sector de los interculturales y movimientos sociales, que exige mayor participación en las listas y no responde ni a Arce ni a Morales por completo.
En este escenario, la decisión de Arce puede ser leída como un gesto a los sectores sociales que exigen renovación y espacios reales en las candidaturas. También podría fortalecer la imagen del mandatario como figura de consenso, particularmente si el oficialismo logra presentar una lista unificada de última hora.
Del Castillo aseguró que el nombre que reemplazará a Arce será definido por la Dirección Nacional del MAS, el Pacto de Unidad y el binomio presidencial. “Queremos sumar fuerzas, sectores y unidad”, afirmó.
Las elecciones de agosto serán definitorias no solo para el futuro del MAS, sino para el equilibrio institucional del país. En juego no solo está la presidencia, sino el control del Congreso y la legitimidad de un partido que, pese a su fragmentación, aún conserva un amplio caudal electoral.
La renuncia de Arce también deja abierta la pregunta de qué rol jugará el presidente una vez concluido su mandato: ¿buscará liderar un nuevo MAS sin Evo? ¿será oposición parlamentaria? ¿o se replegará para reconfigurar su capital político?
Mientras tanto, Bolivia entra en la recta final de su campaña con más incertidumbres que certezas. Y aunque el gesto de Arce busca apagar fuegos internos, también confirma que el proceso de sucesión dentro del MAS está lejos de resolverse.

