LA PAZ, 1 oct (El Libre Observador) — En un mundo globalizado donde la ubicación geográfica suele determinar las posibilidades de desarrollo, 32 países en desarrollo sin salida al mar buscan reescribir su destino. Desde Nueva York, en el marco del 80° período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, estos Estados adoptaron el Plan de Acción de Awaza 2024-2034, una estrategia común que aspira a reducir las desigualdades estructurales provocadas por el aislamiento geográfico y a reforzar su integración económica internacional.
La canciller boliviana, Celinda Sosa, explicó que el plan representa una hoja de ruta compartida para transformar desventajas históricas en oportunidades de cooperación y crecimiento.
“Sabemos que al ser un país mediterráneo las desventajas son mayores y de toda índole. Consideramos que con Awaza vamos a avanzar y, sobre todo, contar con recursos para mejorar los procesos de integración y comercialización”, señaló la ministra en La Paz, al detallar los resultados de la reunión ministerial de alto nivel celebrada en Nueva York.
Aislamiento costoso
Los países en desarrollo sin litoral (PDSL) se enfrentan a un conjunto de barreras que afectan directamente a su capacidad de insertarse en el comercio global. Al carecer de puertos propios, dependen de países vecinos para acceder a los mercados internacionales. Esto encarece el transporte, reduce la competitividad y, en muchos casos, profundiza las brechas de desarrollo.
Según datos oficiales, los costos logísticos de estos países son un 63% más altos que los de los Estados de tránsito. Además, su participación en la economía mundial es marginal: apenas representan el 0,8% del valor agregado manufacturero global y el 0,3% de las exportaciones manufactureras. En total, más de 606 millones de personas viven en estas naciones, muchas de las cuales enfrentan pobreza estructural, dependencia de materias primas y escasa diversificación productiva.
El Plan de Acción de Awaza, aprobado este año en Turkmenistán y respaldado por Naciones Unidas, marca el inicio de una década de cooperación internacional específica para estos países. Su objetivo es acelerar el desarrollo sostenible, mejorar la conectividad física y digital, diversificar las economías y fortalecer la resiliencia frente a crisis globales, incluidas las climáticas.

El documento se articula en torno a cinco ejes estratégicos: transformación económica estructural, comercio e integración regional, desarrollo de infraestructura y transporte, adaptación climática y reducción de riesgos, y movilización de financiamiento y alianzas internacionales. La apuesta es clara: romper el aislamiento geográfico con políticas coordinadas, inversión multilateral y reformas internas.
Un desafío geopolítico y económico compartido
El problema no es nuevo. Desde hace décadas, Naciones Unidas reconoce las dificultades particulares de los países sin litoral, incluidos varios africanos —como Níger, Chad o Zambia—, asiáticos —como Nepal y Afganistán— y latinoamericanos —como Bolivia y Paraguay—. En muchos casos, estas naciones enfrentan trayectorias de desarrollo más lentas, tensiones históricas con países vecinos y obstáculos para diversificar sus exportaciones más allá de materias primas.
Para Bolivia, el tema tiene una carga histórica especial. Su condición mediterránea es resultado de la Guerra del Pacífico (1879-1884), tras la cual perdió su acceso soberano al océano Pacífico frente a Chile. Desde entonces, el país ha buscado mecanismos diplomáticos y multilaterales para compensar esa desventaja estructural. La incorporación al Plan de Awaza refuerza esa estrategia en un escenario global donde las cadenas logísticas y la conectividad determinan buena parte del desarrollo económico.
La canciller Sosa subrayó que el Plan de Awaza no es un simple documento técnico, sino una plataforma política y de cooperación a largo plazo. “Son 32 países afectados enormemente por no tener una salida al mar. Esto encarece los costos de comercialización, hay mayor pobreza, desigualdades y las brechas de desarrollo son enormes”, advirtió.
La próxima década será crucial para determinar si este plan logra traducirse en acciones concretas de inversión, coordinación y reformas internas, o si quedará en un marco declarativo más. Lo cierto es que, por primera vez, un grupo de países con desafíos geográficos similares ha decidido avanzar con una estrategia conjunta para reducir su aislamiento en la economía global.

