LA PAZ, 29 oct (El Libre Observador) — A menos de dos semanas del cambio de gobierno, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Bolivia completó este miércoles uno de los actos más simbólicos de su calendario democrático: la entrega de credenciales oficiales a los nuevos senadores, diputados y representantes supraestatales, elegidos en las elecciones generales de agosto. Este hecho marca el fin de un ciclo y el comienzo de otro para la legislatura 2025-2030.
El presidente del TSE, Óscar Hassenteufel, aprovechó el acto para lanzar un mensaje directo a los nuevos representantes: fortalecer la cultura democrática y asumir su mandato con espíritu de servicio y unidad nacional.
“El pueblo boliviano confía en que esta Asamblea haga efectiva la práctica de procedimientos democráticos que consoliden una verdadera y libre confrontación de ideas, pero también espera que se constituya en un instrumento idóneo que permita encontrar soluciones a los grandes desequilibrios económicos, sociales y culturales”, dijo el magistrado con tono sereno pero firme, ante los legisladores que en pocos días tomarán posesión de sus curules.

Un acto que marca el cierre del ciclo electoral
La ceremonia, celebrada en La Paz, congregó a 36 senadores y 130 diputados titulares que recibieron sus acreditaciones oficiales. En horas de la tarde, se hizo lo propio con los suplentes. Fue, además, el último paso antes de que el próximo 8 de noviembre asuman sus funciones el presidente electo Rodrigo Paz Pereira y el vicepresidente Edman Lara, poniendo fin al periodo transitorio que siguió a las elecciones.
Más allá del protocolo, el evento representó un momento de afirmación institucional en un país acostumbrado a tensiones entre poderes y a la inestabilidad política de los últimos años.
Hassenteufel recordó que el Parlamento encarna “la soberanía popular”, y llamó a los nuevos asambleístas a “preservar los sentimientos de unidad, fraternidad y solidaridad entre las regiones y entre todos los habitantes de la patria”.
El tono del discurso fue un llamado a la responsabilidad, pero también un mensaje implícito a la nueva mayoría legislativa, que deberá acompañar —sin someterse— al gobierno entrante en su gestión.

Expectativas y desafíos de la nueva Asamblea
Las palabras del presidente del TSE llegan en un contexto de expectativas ciudadanas muy elevadas. Tras una campaña marcada por la demanda de estabilidad y consenso, el nuevo gobierno de Rodrigo Paz asume el poder con la promesa de un enfoque económico más pragmático y de una gestión basada en la concertación.
Pero ese objetivo dependerá, en buena medida, de la cooperación del Órgano Legislativo, encargado de aprobar reformas clave para la recuperación económica y la modernización del Estado. “Será absolutamente necesario que el Legislativo acompañe de manera efectiva esa gestión, dado que es el único con facultad para aprobar y sancionar leyes con vigencia en todo el territorio nacional”, enfatizó Hassenteufel.
El presidente del TSE planteó además dos tareas urgentes para la nueva legislatura: la elección de vocales electorales —tanto del propio Tribunal Supremo Electoral como de los tribunales departamentales—, y la viabilización de la elección judicial complementaria, un proceso que se ha postergado repetidamente y que será clave para recuperar la confianza ciudadana en la justicia boliviana.
“Estamos convencidos de que los señores senadores y diputados sabrán responder a estos y otros desafíos”, concluyó el magistrado, en una frase que sonó más a advertencia que a felicitación.

Un país que busca equilibrio institucional
La entrega de credenciales se produce en un clima político menos crispado que en anteriores transiciones, aunque aún marcado por la desconfianza. Los resultados electorales confirmaron una Asamblea derechizada, sin una mayoría aplastante, obligando a los nuevos bloques a negociar para aprobar leyes o reformas.
Ese escenario podría favorecer la búsqueda de acuerdos, pero también abrir nuevos frentes de disputa entre las fuerzas políticas que respaldan al presidente electo y las que representan al movimiento evista, todavía con fuerte presencia parlamentaria.
Para Hassenteufel, el desafío no está solo en legislar, sino en reconstruir la cultura democrática desde el respeto a la pluralidad. Su llamado a la “libre confrontación de ideas” fue una clara alusión a la necesidad de devolver al Parlamento su rol deliberativo, erosionado durante los años de polarización.
Bolivia entra así en una nueva etapa política con una sociedad que exige resultados concretos, un Parlamento renovado y un Tribunal Electoral que busca reafirmar su credibilidad tras años de cuestionamientos.
La entrega de credenciales no fue, por tanto, un acto meramente administrativo, sino un gesto de continuidad democrática en un país que ha aprendido —a veces a costa de crisis y rupturas— que las instituciones son más fuertes cuando se las respeta.
En palabras de un funcionario presente en el acto: “En Bolivia, la democracia no se mide por cuántas veces votamos, sino por cuántas veces aprendemos a convivir con nuestras diferencias”.
Con esa idea resonando en los pasillos del TSE, los nuevos legisladores comienzan una legislatura que pondrá a prueba su madurez política y su capacidad de construir consensos en una nación que, una vez más, se mira al espejo de su historia para reinventar su futuro democrático.

