LA PAZ, 11 nov (El Libre Observador) — Bolivia busca redefinir su política exterior con un cambio de paradigma que, en palabras de su nuevo canciller, Fernando Aramayo, “debe mirar el mundo desde la geoeconomía y la diplomacia digital”.
La frase, pronunciada este martes en su primera intervención pública al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, resume el espíritu de una transformación que aspira a modernizar la Cancillería, reorientar sus prioridades y vincular la acción diplomática con los desafíos tecnológicos y comerciales del siglo XXI.
El acto de presentación, en el Palacio de la Cancillería, marcó el relevo entre Aramayo y la saliente ministra Celinda Sosa. Bajo la instrucción del presidente Rodrigo Paz, el nuevo jefe de la diplomacia boliviana delineó una visión ambiciosa: “Hay que reestructurar la diplomacia, la política exterior y la arquitectura institucional que tenemos. Nuestras delegaciones no deben ser solo políticas, sino también comerciales”.
La frase sintetiza un giro que va más allá del protocolo. Aramayo, un economista con trayectoria en organismos multilaterales, pretende dotar de contenido económico y digital a una diplomacia que durante la última década osciló entre el discurso soberanista y la búsqueda de aliados estratégicos.
Su apuesta por la “geoeconomía” —un concepto que combina diplomacia, mercados y competitividad global— coloca a Bolivia en la senda de otros países sudamericanos que han rediseñado su acción exterior para atraer inversiones, insertarse en cadenas de valor y diversificar su comercio.
“Debemos pensar de manera sistémica, posicionarnos rápidamente en los mercados y aprovechar las ventajas competitivas que el mundo nos ofrece”, sostuvo Aramayo ante el cuerpo diplomático, al anunciar una reestructuración interna que incluirá reformas administrativas, modernización tecnológica y una mayor coordinación entre ministerios para proyectar una imagen de país confiable, innovador y abierto a la cooperación internacional.
El nuevo enfoque se presenta como una diplomacia de desarrollo, en la que los embajadores bolivianos actúen como promotores económicos. La Cancillería prevé incorporar especialistas en comercio, finanzas, energía y tecnología a sus delegaciones, además de fortalecer los vínculos con organismos como el Banco Mundial, la CAF y la ONU, en torno a proyectos de innovación verde y transformación digital.

“El presidente Paz fue claro al recordarnos que no estamos en el gabinete por méritos acumulados, sino porque la patria nos convoca a servir con responsabilidad”, dijo Aramayo. “Este no es un trabajo de oficina, es un compromiso de 24-7. Nos toca mirar hacia adelante, rescatar lo bueno, aprender de los errores y actuar con madurez, sabiduría y lucidez”.
El énfasis en la diplomacia digital —una idea todavía incipiente en la región— busca conectar la gestión exterior con la era de los datos, la comunicación en línea y la seguridad cibernética. La Cancillería, adelantó Aramayo, proyecta crear una unidad especializada en asuntos digitales y tecnológicos, encargada de coordinar la presencia de Bolivia en plataformas internacionales y fortalecer la cooperación en temas como inteligencia artificial, gobernanza digital y comercio electrónico.
Bolivia llega a este punto con una estructura diplomática que, según reconocen fuentes internas, necesita “profundas actualizaciones” tras años de centralismo institucional y escasa inversión en modernización tecnológica. La pandemia y los recientes cambios geopolíticos aceleraron el debate sobre la digitalización del Estado, y la política exterior no ha quedado al margen.
El anuncio de Aramayo marca un contraste con la etapa anterior de la diplomacia boliviana, caracterizada por un enfoque político-ideológico y una fuerte retórica antiimperialista. Si bien el nuevo canciller evitó referencias explícitas al pasado reciente, su discurso remarcó la necesidad de “dejar atrás la administración de crisis” y concentrarse en la construcción de prosperidad.
“La pobreza no se supera dándole a la gente aspiraciones mínimas; todos aspiramos a vivir la vida que queremos vivir. Nuestro deber es brindar las condiciones para que cada boliviana y boliviano pueda elegir su propio destino”, afirmó.
La estrategia coincide con una tendencia más amplia en Sudamérica, donde países como Chile, Uruguay o Perú han optado por reforzar la dimensión económica de su diplomacia. En Lima, la Cancillería lidera una red de agregados comerciales en Asia; Montevideo ha impulsado tratados de cooperación tecnológica; y Buenos Aires promueve acuerdos en biotecnología y economía del conocimiento.
En el trasfondo, el giro geoeconómico también es un intento de reposicionar al país en un contexto regional cambiante. Tras años de polarización política y ralentización económica, el Gobierno busca proyectar una imagen de estabilidad y apertura hacia los socios internacionales.

