LA PAZ, 4 feb (El Libre Observador) — Apenas tres meses después de asumir el poder, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, sostiene que el país ha iniciado un giro decisivo hacia la estabilidad económica y la recuperación de la confianza internacional. Lo hace apoyado en cifras que, según su Gobierno, marcan un quiebre con el escenario de crisis heredado: estabilización del tipo de cambio, superávit fiscal, aumento de las reservas internacionales y una caída acelerada del riesgo país.
“El Banco Central ya no es la caja chica del Gobierno”, afirmó esta semana el mandatario durante un acto público en la ciudad de Tarija, en el sur del país, donde presentó un balance de sus primeros meses de gestión. La frase resume el núcleo del mensaje oficial: un Estado que, tras años de desorden y prácticas opacas, comienza a reordenar sus cuentas y a enviar señales de previsibilidad hacia dentro y fuera de Bolivia.
Paz recordó que en mayo de 2025 el dólar llegó a cotizarse cerca de los 20 bolivianos, un episodio que alimentó la desconfianza y la incertidumbre en amplios sectores de la población. Hoy, asegura, el tipo de cambio volvió a niveles considerados normales en apenas ocho semanas. “Pasamos de un Estado paralizado a un escenario de estabilidad”, sostuvo.
El presidente no ocultó la magnitud de los problemas encontrados al asumir el mando. Describió una administración pública marcada por irregularidades, corrupción y un aparato institucional desordenado. “Uno abre una puerta o levanta un escritorio y encuentra desorden”, dijo. Sin embargo, subrayó que ese diagnóstico no impidió avanzar en objetivos que considera estratégicos.

Entre los datos que más destaca el Ejecutivo figura el superávit fiscal registrado en enero, cifrado en 2.300 millones de bolivianos, un resultado inédito en los últimos años. A ello se suma, según Paz, la recuperación de las reservas internacionales, que habrían superado los 4.200 millones de dólares en efectivo en el Banco Central, tras haber estado en niveles críticos.
Otro indicador clave es el riesgo país. De acuerdo con el presidente, Bolivia pasó de superar los 2.200 puntos a situarse en torno a los 1.200, con la expectativa de seguir bajando. Para el Gobierno, esta tendencia refleja una mejora sustancial en la percepción internacional sobre la economía boliviana y su capacidad de cumplir compromisos financieros.
Más allá de las cifras, Paz puso el acento en un concepto que repitió varias veces: la estabilidad como bien público. A su juicio, el respaldo social y la “madurez del pueblo boliviano” fueron determinantes para evitar escenarios de mayor conflictividad en un contexto económico delicado. “La democracia es central, pero sin estabilidad no hay convivencia posible”, afirmó.
El mandatario también denunció intentos de desestabilización en los primeros meses de su gestión, que atribuyó a sectores afectados por el corte de flujos irregulares de recursos estatales, especialmente en ámbitos vinculados a subsidios y al sector de los hidrocarburos. Sin entrar en detalles ni señalar responsables concretos, sugirió que se trata de resistencias asociadas a viejas prácticas de corrupción.
De cara al futuro, el Gobierno apuesta por una política de ajuste selectivo del gasto. Paz aseguró que el Ejecutivo redujo en un 30% el gasto innecesario del nivel central del Estado, aunque reconoció que el desafío es más amplio y alcanza a gobernaciones y alcaldías. “Es un problema transversal”, admitió.
El mensaje final del presidente apunta a una redefinición del ejercicio del poder: gestionar en función de las necesidades reales de la población y no de intereses partidarios o redes de favoritismo. Un discurso que busca consolidar credibilidad dentro del país y, al mismo tiempo, proyectar hacia el exterior la imagen de una Bolivia que intenta dejar atrás la crisis y reinsertarse en el radar de la confianza internacional.

