LA PAZ, 30 may (El Libre Observador) — En varias regiones bolivianas entre el ruido de motores apagados, cientos de conductores en sus vehículos esperan impacientes a lo largo de varias cuadras. Algunos choferes duermen dentro de sus taxis, minibuses, buses o camiones. Otros, con el rostro cansado, comparten las quejas mientras el reloj avanza sin certeza de solución. Las filas por gasolina y diésel se han convertido en una postal de impotencia cotidiana en Bolivia.
Hace exactamente una semana, el presidente Luis Arce aseguró que el abastecimiento de combustibles se normalizaría en cuestión de días, al menos en la troncal del país. Hoy, esa promesa se enfrenta a una realidad que la desmiente en cada surtidor del país. Las colas, en lugar de disminuir, se han extendido en ciudades y áreas rurales, bloqueando calles, alterando el transporte y desatando una ola de indignación que amenaza con escalar a una protesta nacional.
“Llevo aquí desde ayer a las cinco de la tarde. Dormí en la cabina”, cuenta con resignación Franklin, conductor de transporte interprovincial en Cochabamba. “Nos dijeron que todo estaría bien, pero la fila no avanza. Es una burla”, agrega mientras apunta al final de una cola que se pierde en el horizonte.

En la ciudad de El Alto, uno de los puntos más golpeados por la escasez, las filas superan las 30 cuadras. La desesperación es palpable. En las zonas rurales, donde el combustible es esencial para la maquinaria agrícola, comunidades enteras comenzaron a bloquear caminos.
“No podemos sembrar ni transportar si no hay diésel. Ya no es solo una molestia, es una amenaza a la producción”, explican desde el trópico de Cochabamba.
El Gobierno, presionado por las críticas, ofreció disculpas públicas este viernes y anunció que un buque con 40 millones de litros de carburantes llegó al puerto peruano de Mollendo. La gasolina y el diésel, aseguran, están en camino al país. Pero para muchos, la promesa ya no alcanza.
El transporte organizado ha puesto fecha a su enojo. El próximo martes 3 de junio realizarán un paro nacional de 24 horas con bloqueo de carreteras y cierre de fronteras. “¡Basta ya! El Gobierno ha incumplido. Seguimos haciendo fila día y noche. Esto no da para más”, denunció Lucio Gómez, líder nacional de los choferes.
En Santa Cruz, el sector transportista fue aún más lejos: si no se regulariza el abastecimiento, exigirán la renuncia del presidente Arce. “No queremos más excusas. O soluciona o se va”, dijo Bismark Daza, uno de los voceros.

La crisis de combustibles en Bolivia se ha vuelto cíclica, agravada por la falta de divisas, una economía debilitada y el bloqueo legislativo que impide aprobar créditos internacionales. Pero esta vez, la combinación de frustración social, demandas sectoriales y promesas incumplidas ha encendido una chispa difícil de contener.
Mientras tanto, las calles siguen bloqueadas por autos inmóviles. La gente espera. Algunos ya no creen. Otros aún guardan esperanza en que el próximo camión cisterna traiga más que combustible: algo de certeza.


