LA PAZ, 19 ago (El Libre Observador) — La nieve llegó con la fuerza suficiente para cerrar caminos, aislar comunidades, poner en riesgo miles de animales y, en Oruro, convertirse en tragedia: una mujer de la tercera edad murió después de que un árbol vencido por el peso de la nieve cayera sobre ella en una plaza. En el occidente de Bolivia, el temporal ha dejado ya 26.220 familias afectadas y 323 comunidades golpeadas, mientras las autoridades intentan abrir caminos y llevar forraje y asistencia veterinaria a las zonas más castigadas.
El episodio de Oruro resume en una sola escena la dimensión de una emergencia que se extiende por el altiplano. Un árbol que parecía formar parte del paisaje cotidiano terminó convertido en una trampa después de acumular una cantidad extraordinaria de nieve. La mujer no pudo escapar. Murió en el lugar, según informó el viceministro de Defensa Civil, Roberto Rivero.
Pero la tragedia individual es apenas una de las caras de un fenómeno que está alterando la vida de miles de familias rurales. En Potosí, donde se concentra la mayor afectación, la nieve ha caído sobre caminos, corrales y extensas zonas de pastoreo. La emergencia ya no se mide únicamente en centímetros de nieve, sino en animales perdidos, comunidades incomunicadas y familias que necesitan ayuda para sostener su actividad productiva.
Defensa Civil calcula 8.364 familias afectadas y 2.350 damnificadas. El impacto sobre la ganadería es especialmente severo: 78.755 camélidos han resultado afectados y 750 cabezas de ganado han muerto. Además, unas 55.000 hectáreas de pastoreo han sufrido los efectos del temporal.
En Villazón, una de las zonas más golpeadas, alrededor de 85.000 cabezas de ganado se encuentran en riesgo, mientras que en Atocha se contabilizan 1.433 familias afectadas y 63 comunidades perjudicadas. Para quienes viven de la ganadería en el altiplano, la nieve no es solamente una dificultad pasajera: puede significar la pérdida de animales, de ingresos y de una parte esencial de su sustento.
El ganado, atrapado bajo la nieve. La primera urgencia es ahora alimentar a los animales. Rivero señaló que las comunidades han identificado como principales necesidades el forraje, las vitaminas y los insumos veterinarios, además de alimentos y productos de primera necesidad para las familias.

La segunda urgencia son los caminos.
La nieve ha convertido algunos tramos de las carreteras en superficies prácticamente intransitables. En La Cumbre, en el departamento de La Paz, la plataforma vial permanece cubierta y congelada, con el tránsito de vehículos interrumpido. Otros sectores también han sufrido cierres debido a la intensidad de las precipitaciones.
Las autoridades coordinan con los municipios, las unidades de gestión de riesgos, las comunidades y los bomberos para intentar recuperar las rutas y permitir el ingreso de ayuda.
“Estamos en constante coordinación”, explicó Rivero al describir una operación que comienza por levantar información en las comunidades, verificar los daños y determinar qué tipo de asistencia necesita cada zona.
Comunidades aisladas
Hay comunidades que permanecen aisladas por la acumulación de nieve y la interrupción de las vías. La maquinaria pesada se ha convertido en una pieza fundamental para despejar los caminos y recuperar la infraestructura productiva.
En medio de este escenario, Defensa Civil también tuvo que intervenir para rescatar a un grupo de turistas italianos que quedó afectado por las condiciones de las rutas. La institución coordinó con la Embajada italiana para garantizar su resguardo y facilitar su traslado.
La emergencia se extiende más allá de Potosí. La Paz, Cochabamba y Oruro también registran problemas derivados de las nevadas y otras contingencias asociadas al clima. En La Paz, además de los problemas de circulación, se han reportado daños materiales y afectaciones en unidades educativas.
La nieve, que en otras circunstancias puede ser apenas una postal del invierno andino, ha adquirido esta vez otra dimensión. En las comunidades rurales, cada centímetro acumulado pesa sobre los techos, los caminos y los animales. También sobre una economía doméstica que depende de que el ganado sobreviva.
El Gobierno ha desplegado evaluaciones de daños y análisis de necesidades para determinar la ayuda que debe llegar a cada territorio. Pero la magnitud del fenómeno obliga a mirar más allá de la emergencia inmediata.
Porque cuando la nieve desaparezca de los caminos, quedará todavía el balance de los animales muertos, los pastizales dañados, las comunidades que tuvieron que esperar aisladas y, en Oruro, la memoria de una mujer que salió a una plaza y terminó muriendo bajo el peso inesperado de un invierno particularmente duro.

