LA PAZ, 7 sep (El Libre Observador) —La búsqueda avanza despacio, casi a mano. Piedra por piedra, los equipos de rescate revisan los restos de una instalación militar en Viacha, en el altiplano boliviano, donde dos explosiones convirtieron el viernes una unidad del Ejército en un escenario de destrucción. Este lunes apareció un nuevo cuerpo entre los escombros: el del sargento primero Freddy Mauro Quisbert Vega. Ya son siete los muertos. Otros siete siguen sin aparecer.
El hallazgo del instructor del Centro de Mantenimiento de Material Bélico (CGMMB) elevó a la mitad el número de personas que permanecían desaparecidas después de las detonaciones en el Regimiento Bolívar. La Policía trasladó los restos a la morgue para su reconocimiento por los familiares, mientras los equipos de emergencia regresaron a una zona en la que cada movimiento debe ser calculado.
No es una búsqueda convencional. Bajo los restos permanecen materiales explosivos que no llegaron a detonar y estructuras que pueden colapsar. Entre los elementos que han obligado a extremar las precauciones figuran “boosters” y numerosas granadas almacenadas en instalaciones próximas al lugar de las explosiones. Antes de que las máquinas puedan entrar, los especialistas deben inspeccionar y retirar aquello que todavía puede provocar una nueva tragedia.
El ministro de Defensa, Ernesto Justiniano Urenda, describió el domingo la dimensión del peligro. Hay zonas afectadas, materiales que deben ser revisados y estructuras comprometidas, explicó durante una inspección. Los rescatistas avanzan prácticamente “piedra por piedra”, una expresión que resume la lentitud de una operación en la que encontrar un cuerpo puede significar antes despejar un nuevo campo de riesgo.
A 27 kilómetros de la ciudad de La Paz, el municipio de Viacha vive así las consecuencias de un accidente cuyas causas todavía no están claras. La información preliminar del Ministerio de Defensa señala que hubo dos explosiones. La primera estaría relacionada con pólvora negra utilizada en material pirotécnico almacenado en el recinto. La segunda, más potente, permanece bajo investigación.

El balance humano se extiende más allá de los muros militares. Hay 88 personas heridas y viviendas próximas al cuartel que sufrieron daños por la onda expansiva. La explosión alcanzó a una población que no formaba parte de la actividad militar y convirtió una emergencia interna en un problema para toda la comunidad.
El Gobierno activó un comité de crisis con participación de las Fuerzas Armadas, la Policía, Defensa Civil y el Ministerio de Salud para coordinar el rescate, la atención de los heridos y la ayuda a las familias y vecinos afectados. Al mismo tiempo, el Ministerio Público abrió de oficio una investigación para establecer qué ocurrió y determinar, si corresponde, responsabilidades.
La escena continúa abierta. Mientras los investigadores intentan reconstruir la secuencia de las detonaciones, los especialistas siguen retirando materiales peligrosos y examinando los escombros. Siete cuerpos han salido ya de las ruinas. Siete personas siguen sin ser localizadas.

