LA PAZ, 7 sep (El Libre Observador) — Bolivia ha encontrado en los minerales y la joyería los principales motores de un inesperado salto de sus exportaciones, que alcanzaron los 7.928 millones de dólares entre enero y julio de 2026, un 59 por ciento más que en el mismo periodo de 2025, en un escenario marcado por un fuerte incremento de las cotizaciones internacionales de las materias primas.
El dato, difundido este lunes por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) en su boletín semanal con base en información del Instituto Nacional de Estadística (INE), revela una paradoja en el comercio exterior boliviano de que el país obtuvo muchos más ingresos por sus ventas externas pese a haber enviado menos mercancías al mercado internacional.
Las exportaciones totales en volumen descendieron un 8 por ciento, de 5,76 a 5,31 millones de toneladas. Sin embargo, el valor de esas operaciones creció de manera significativa, en buena medida por el llamado “efecto precio”, que permitió compensar la menor cantidad física exportada.
El fenómeno se aprecia con mayor claridad en la minería. Las ventas externas de minerales llegaron a 5.499 millones de dólares hasta julio, un incremento del 97 por ciento respecto al mismo periodo de 2025. Pero el volumen exportado se redujo un 9 por ciento y quedó en torno a 1,14 millones de toneladas.
El resultado confirma el peso que mantienen los minerales en la generación de divisas para Bolivia, en un momento en que la economía afronta restricciones de liquidez, dificultades para acceder a dólares y una menor capacidad productiva. El incremento del valor exportado está así estrechamente relacionado con la evolución de los precios internacionales.

La segunda señal de dinamismo aparece en las exportaciones no tradicionales, que acumularon 1.821 millones de dólares, un 21 por ciento más que un año antes. Dentro de este grupo, la joyería protagonizó uno de los avances más pronunciados: sus ventas se dispararon un 119 por ciento, desde 145,4 millones de dólares hasta 317,9 millones, mientras el volumen creció un 38 por ciento.
La soya continuó siendo, sin embargo, el principal producto no tradicional por valor exportado, con 614,6 millones de dólares y 1,43 millones de toneladas enviadas al exterior. Sus ingresos aumentaron un 6 por ciento frente a 2025.
Otros productos agrícolas y agroindustriales también mostraron resultados positivos. La chía incrementó sus ventas un 75 por ciento, hasta 22,3 millones de dólares, acompañadas por un aumento del 55 por ciento en volumen. El azúcar duplicó prácticamente sus envíos, con un crecimiento del 98 por ciento en volumen, y alcanzó 43,8 millones de dólares, un 64 por ciento más en ingresos.
La carne bovina generó 112,2 millones de dólares, un 28 por ciento más, pese a una reducción del 4 por ciento en volumen. La castaña alcanzó 164,2 millones, con incrementos del 23 por ciento en valor y del 37 por ciento en volumen.
También crecieron las ventas de café y bananas. El café elevó sus ingresos un 27 por ciento, hasta 8,5 millones de dólares, aunque su volumen disminuyó un 7 por ciento. Las bananas generaron 19,7 millones, un 13 por ciento más que en el mismo periodo de 2025.
No todos los sectores acompañaron la tendencia. Los hidrocarburos, tradicional fuente de ingresos externos para Bolivia, continuaron perdiendo terreno. Sus exportaciones disminuyeron un 12 por ciento en valor, hasta 607 millones de dólares, y un 15 por ciento en volumen.
En el sector agropecuario y forestal también hubo retrocesos. Las ventas de quinua cayeron un 28 por ciento en valor, las de madera un 31 por ciento y las de derivados de carne un 70 por ciento.
La fotografía que dejan los primeros siete meses del año es, por tanto, menos sencilla que la cifra récord de crecimiento. Bolivia exportó más en términos monetarios, pero no necesariamente más productos. La minería explica buena parte del salto, mientras la joyería emerge como una de las actividades con mayor expansión entre los bienes no tradicionales.
El resultado también expone la dependencia de la economía boliviana de los precios internacionales. El aumento de los ingresos externos no responde exclusivamente a una expansión de la producción exportable, sino a que determinados bienes alcanzaron mejores cotizaciones en los mercados internacionales.
Así, detrás del 59 por ciento de crecimiento de las exportaciones hay dos historias simultáneas: una economía que consigue captar más divisas por sus ventas externas y, al mismo tiempo, una estructura exportadora todavía muy condicionada por las materias primas y por la volatilidad de sus precios.

