LA PAZ, 26 dic (El Libre Observador) — La inminente llegada del cierre del año 2023 en Bolivia trae consigo un escenario de proyecciones económicas divergentes entre las autoridades gubernamentales y los informes preliminares presentados por la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL).
La contrariedad entre ambas cifras, donde el Gobierno anuncia un crecimiento del 2,7% y la CEPAL sostiene un estimado del 2,2%, ratifica una importante proyección de crecimiento y la salud económica del país sudamericano.
El contraste entre estas cifras no es un fenómeno nuevo en el escenario boliviano. Anteriores proyecciones gubernamentales habían señalado un pronóstico aún más optimista, alcanzando un 3,8%, contrastando con la trayectoria descendente que muestra la realidad económica, ubicándose en el 2,2% según la CEPAL para este año.
El contexto regional añade una capa de análisis significativa. Mientras Bolivia proyecta un crecimiento del 2,2%, Paraguay lidera con un sólido 4,5%, mostrando disparidades notables en el desempeño económico dentro de América del Sur.

Este paisaje heterogéneo se refleja aún más ampliamente en el panorama latinoamericano, donde países como Panamá, Costa Rica y México destacan con crecimientos superiores al promedio regional, mientras Argentina y Haití se sumergen en cifras negativas.
El informe de la CEPAL trae consigo advertencias cruciales sobre la región, señalando una desaceleración generalizada que podría impactar la creación de empleo y agravar la informalidad, junto con brechas de género persistentes.
América Latina y el Caribe, en su conjunto, se perfilan para un crecimiento del 2,2% en 2023, marcando una desaceleración respecto a años anteriores.
El viceministro de Política Tributaria de Bolivia, Jhonny Morales, destaca la necesidad de mantener las proyecciones de crecimiento económico mediante iniciativas como la industrialización con sustitución de importaciones.
El Plan General de Economía (PGE) para el 2024 apunta a una proyección más optimista, estimando un crecimiento del 3,7%.
Esta disparidad de cifras y perspectivas económicas evidencia la complejidad del panorama actual de Bolivia, donde el desafío reside no solo en alcanzar el crecimiento esperado, sino en sostenerlo y consolidarlo en un entorno regional que muestra signos de desaceleración generalizada.
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