LA PAZ, 4 ago (El Libre Observador) — Con el arribo de la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, a la ciudad histórica de Sucre, Bolivia dio inicio este lunes a una serie de celebraciones y reuniones diplomáticas con motivo de su Bicentenario. El presidente boliviano, Luis Arce, busca no solo conmemorar los 200 años de independencia del país andino, sino también posicionarse en un nuevo tablero regional donde los liderazgos progresistas del continente están siendo puestos a prueba.
Castro, primera jefa de Estado en llegar al país para los actos conmemorativos, aterrizó en el aeropuerto internacional de Alcantarí a bordo de un avión de la estatal Boliviana de Aviación. Su presencia marca el inicio de una serie de encuentros bilaterales que el gobierno boliviano considera estratégicos, tanto por su valor simbólico como por su proyección geopolítica.
“Vamos a sostener reuniones bilaterales con los presidentes que están llegando, también con otras delegaciones de más de 40 países”, anunció la viceministra de Comunicación, Gabriela Alcón, al confirmar la presencia de Castro. La funcionaria también anticipó que el vicepresidente David Choquehuanca tendrá una agenda paralela con altos representantes internacionales.
Celebración y política exterior
Más allá de los desfiles y ceremonias, el Bicentenario se ha convertido en un escenario clave para reposicionar la política exterior boliviana, marcada en los últimos años por la búsqueda de un equilibrio entre relaciones con China, Rusia, Estados Unidos y sus vecinos latinoamericanos. La asistencia confirmada de mandatarios como Gabriel Boric (Chile), Santiago Peña (Paraguay) y la vicepresidenta de Ecuador, María José Pinto, refuerza la idea de que Bolivia quiere enviar un mensaje de estabilidad institucional y voluntad de integración regional.
La celebración coincide, sin embargo, con un momento económico complejo para el país. Bolivia enfrenta una creciente presión sobre sus reservas internacionales y un debate interno sobre el modelo económico de industrialización con sustitución de importaciones promovido por el gobierno de Arce. En ese marco, los encuentros bilaterales adquieren una dimensión económica: el país necesita inversiones, acuerdos energéticos y respaldos políticos que le permitan mantener su rumbo sin recurrir al ajuste fiscal que varios sectores conservadores del país exigen.

Arce en busca de legitimidad interna e internacional
Luis Arce, que asumió la presidencia tras la crisis poselectoral de 2019 y el interinato de Jeanine Áñez, atraviesa su etapa más desafiante. Internamente, enfrenta divisiones en el Movimiento al Socialismo (MAS), el partido que comparte con Evo Morales, quien ha expresado su intención de volver a postular en las elecciones de 2025. Externamente, el gobierno trata de mantener el perfil de un progresismo pragmático, más técnico que carismático, centrado en la gestión económica.
En ese contexto, el Bicentenario ofrece una oportunidad política de gran valor: el país podrá proyectar una imagen de continuidad institucional y arraigo histórico, al tiempo que abre sus puertas a alianzas que podrían reforzar su golpeado frente externo.
Alcón confirmó que el mandatario dará un mensaje oficial durante la Sesión de Honor en Sucre, acompañado de la fotografía protocolar junto a las delegaciones extranjeras, prevista para las 12:30 del miércoles. El jueves 7 de agosto, como es tradición, se realizará la Parada Militar conmemorativa, uno de los actos de mayor simbolismo republicano en Bolivia.

Una capital simbólica para un momento bisagra
Que el centro de los actos se desarrolle en Sucre no es casual. Esta ciudad, sede del Tribunal Supremo de Justicia y cuna del primer grito libertario en América del Sur en 1809, representa para muchos sectores bolivianos una capital histórica olvidada frente al peso político y económico de La Paz. Llevar el Bicentenario a Sucre es, para el gobierno, una forma de reivindicar el carácter plural y descentralizado del Estado Plurinacional.
Bolivia dio inicio oficial al mes del Bicentenario con actos simultáneos en los nueve departamentos, marcados por la entonación del himno nacional y fuegos artificiales. Arce lideró el acto principal en la ciudad de El Alto, una urbe popular con fuerte simbolismo político para el movimiento indígena y obrero boliviano.
En un momento en el que la izquierda regional experimenta tensiones internas y contradicciones entre discurso y gestión, la llegada de Castro, aliada ideológica de Arce, y el respaldo de otros gobiernos vecinos, podría ser la carta que el presidente boliviano necesita para consolidar su proyección de estadista. Al menos, durante esta semana de símbolos y estrategias, Bolivia vuelve a estar en el centro de la atención latinoamericana.

