Por Geosmar Esparza
LA PAZ — Las campanas resuenan en la tierra indígena campesina boliviana, pero su repique ya no anuncia unidad, sino una profunda división. La batalla por el control del Movimiento Al Socialismo (MAS), otrora instrumento político de un movimiento social con aspiraciones transformadoras, se ha convertido en una lucha fratricida entre los indígenas el expresidente, Evo Morales y el actual vicepresidente, David Choquehuanca.
Morales, aquejado por un caudillismo y mesiánico endémico, y Choquehuanca, con su misticismo andino, endógeno y su retórica identitaria, se disputan el liderazgo de un movimiento fragmentado. Ambos apelan a las bases indígenas campesinas, utilizando símbolos ancestrales y promesas de reivindicación, pero sin ofrecer un proyecto político claro y coherente.
Las organizaciones sociales indígenas, antes pilares del MAS, se ven hoy reducidas a meros instrumentos de control. Su membresía se debate entre dos caudillos que no representan las necesidades reales del movimiento que vive una incertidumbre y división lacerante.

La lucha por el poder e intereses particulares ha desviado el rumbo del MAS de su objetivo original: la construcción de un Estado Plurinacional que responda a las demandas de los pueblos indígenas. En su lugar, se ha convertido en un escenario de pugnas personalistas, clientelismo y corrupción.
Es hora de que el movimiento indígena campesino se emancipe de caudillos y mesianismos. Debe recuperar su autonomía y construir un proyecto político propio, basado en la unidad, la horizontalidad y la defensa de sus derechos.
Las campanas de la tierra indígena campesina deben volver a sonar con un mensaje de unidad y transformación. Solo así se podrá construir un futuro mejor para los pueblos indígenas y para Bolivia.
PROPUESTAS PARA EL FUTURO:
Fortalecimiento de las organizaciones sociales indígenas: Se debe promover la participación activa y democrática de las bases en la toma de decisiones.
Construcción de un proyecto político alternativo: El movimiento indígena debe superar el caudillismo y desarrollar una propuesta programática que responda a las necesidades del siglo XXI, cuando se vive en la globalización.
Unidad en la diversidad: El movimiento indígena debe reconocer y respetar su diversidad interna, fortaleciendo la interculturalidad y la horizontalidad.
Formación política: Es necesario invertir en la formación política de las nuevas generaciones de líderes indígenas, para que puedan afrontar los desafíos del futuro.
El futuro del movimiento indígena campesino está en juego. Es hora de que las campanas de la tierra anuncien un nuevo amanecer, donde la unidad, la autonomía y la lucha por la justicia social sean los pilares de un futuro más próspero y equitativo.
La crisis del MAS es una oportunidad para que el movimiento indígena campesino redefina su rumbo. Es hora de abandonar los personalismos y construir un proyecto político propio, basado en la unidad, la democracia y la defensa de sus derechos.
Las campanas de la tierra indígena campesina deben sonar con un nuevo mensaje: el de la esperanza y la transformación.

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