LA PAZ, 18 sep (El Libre Observador) – Lo que comenzó como una marcha para «defender al pueblo» confluyó este miércoles con un retiro abrupto y señales de debilidad del liderazgo de Evo Morales, quien había encabezado la movilización desde su inicio, decidió abandonar la caminata, alegando que el gobierno lo estaba «satanizando».
Morales, acorralado por acusaciones de estar gestando un golpe de Estado, optó por retirarse, dejando a sus seguidores continuar con la protesta política a riesgo de que se mantenga la violencia en el trayecto.
“La marcha no es de Evo, es del pueblo”, declaró Morales mientras anunciaba su salida. Sin embargo, lo que en principio parecía una reivindicación social se ha desenmascarado como un nuevo intento de Morales por retomar el control del poder político.
Con una estrategia desgastada y un discurso cada vez más repetitivo, Morales se enfrenta a un gobierno que lo acusa de violar la Constitución, promover un golpe de Estado y de querer imponer por la fuerza su regreso a la presidencia.

GOLPE DE ESTADO DISFRAZADO DE PROTESTA
Los principales miembros del gabinete del presidente Luis Arce no dudaron en calificar las acciones de Morales como un golpe de Estado en proceso. Desde la Cancillería, el vicepresidente David Choquehuanca hasta los ministros Iván Lima (Justicia), Eduardo Del Castillo (Gobierno) y Marcelo Montenegro (Economía), el gobierno dejó claro que Morales tiene un solo objetivo: desestabilizar la democracia y asegurar que su aliado, Andrónico Rodríguez, presidente del Senado, tome las riendas del país.
“El señor Evo Morales ya no es una víctima, ahora es un golpista confeso”, sentenció el ministro Del Castillo en una declaración que resonó en todo el país. “No permitiremos que este personaje, cegado por su ambición, lleve a Bolivia nuevamente al caos. Utilizaremos todas las herramientas legales para defender la democracia”, añadió.
Morales, que durante años se había presentado como el líder que defendía a los oprimidos, ahora es visto como un político desesperado, dispuesto a arrastrar al país al abismo por su propio beneficio.

Los bloqueos de carreteras y las movilizaciones alentadas por Morales han sido un golpe duro para la ya debilitada economía boliviana. El ministro de Economía, Marcelo Montenegro, advirtió que la situación se está tornando insostenible.
“La economía no puede soportar más ataques. Los bloqueos y la violencia afectan a todos los sectores, y el pueblo es quien sufre las consecuencias de estas acciones irresponsables”, afirmó.
A medida que la economía se tambalea, los ciudadanos se muestran cada vez más críticos con Morales, cuya figura ya no inspira la misma confianza que en el pasado.
Mientras tanto, el gobierno ha dejado claro que no permitirá que Morales siga utilizando al país como un tablero de ajedrez para sus ambiciones personales.

