LA PAZ, 11 ago (El Libre Observador) — Bolivia ha decidido redoblar su apuesta por la exploración hidrocarburífera para enfrentar un desafío que se arrastra desde hace más de una década: la creciente dependencia de combustibles importados. Entre 2021 y 2025, la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) destinó más del 65% de su presupuesto a proyectos de exploración, con el objetivo de encontrar reservas que permitan producir gasolina y diésel en el país y así aliviar la presión sobre las finanzas públicas.
El presidente de YPFB, Armin Dorgathen, explicó que la estrategia responde a una previsión temprana de escasez. “Hace más de 10 años se visualizaba que enfrentaríamos una escasez de combustibles y que las importaciones aumentarían. La respuesta evidente era explorar”, dijo durante la presentación del plan.
Bolivia no figura entre los grandes productores de petróleo de Sudamérica, pero sí cuenta con importantes reservas de gas natural. Este gas suele encontrarse asociado a hidrocarburos líquidos conocidos como condensados, que, tras un proceso de separación y tratamiento, son enviados a las refinerías para transformarse en productos derivados, como gasolina de alto octanaje. Aprovechar al máximo este potencial es la clave de la nueva estrategia.
Una crisis que madura desde los 2000
La actual dependencia de importaciones es el resultado de un proceso que comenzó en los primeros años del siglo XXI. Durante el auge del gas boliviano, impulsado por contratos de exportación a Brasil y Argentina, la producción de líquidos no creció al mismo ritmo que el consumo interno de combustibles. Desde 2004, el país aplica políticas de paridad de género en cargos electivos, pero en materia energética no logró diversificar la matriz ni aumentar la producción petrolera a gran escala.
A mediados de la década de 2010, el incremento del parque automotor y la expansión del transporte público aceleraron la demanda interna. Las refinerías locales, diseñadas para un volumen limitado y con tecnología que no procesaba crudo pesado, comenzaron a operar al límite. El déficit se cubrió con importaciones crecientes de gasolina y diésel, subsidiadas por el Estado, lo que generó una carga fiscal cada vez más pesada.

Exploración como eje central
Entre 2021 y 2024, YPFB ejecutó más de 1.300 millones de dólares en más de 50 proyectos de exploración y explotación, con 18 resultados positivos. Entre ellos destaca el pozo Mayaya Centro-X1, en el departamento de La Paz, que podría generar hasta 6.800 millones de dólares en ingresos.
Para 2025, el plan de inversiones de la estatal prevé 629 millones de dólares, de los cuales 507 millones —casi el 80%— se destinarán a exploración y explotación. Los resultados de las campañas iniciadas en este periodo se esperan entre 2027 y 2028. Según Dorgathen, ese horizonte permitirá determinar si Bolivia podrá sustituir una parte significativa de sus importaciones y, eventualmente, autoabastecerse.
La estrategia de la estatal se apoya en tres pilares: exploración para ampliar reservas, optimización de la producción y modernización de la infraestructura de refinación. El primero es considerado clave, ya que sin nuevos descubrimientos, el resto de las medidas tendría un alcance limitado.
Retos y expectativas
Analistas del sector advierten que la apuesta de YPFB implica desafíos técnicos y financieros. La exploración hidrocarburífera, especialmente en áreas de geología compleja, conlleva riesgos elevados: no todos los pozos perforados producen resultados comerciales. Además, el contexto internacional —marcado por la transición energética, la volatilidad de precios y la competencia regional— añade incertidumbre.
Pese a ello, el Gobierno boliviano insiste en que explorar es la única vía para garantizar soberanía energética en el mediano plazo. “No se trata solo de producir más, sino de depender menos del mercado externo y proteger nuestras reservas internacionales”, subrayó Dorgathen.
Si los resultados acompañan, Bolivia podría entrar en una nueva etapa energética hacia finales de la década. El autoabastecimiento no solo reduciría la factura de importación, sino que abriría la posibilidad de exportar excedentes de combustibles refinados, una meta que el país no alcanza desde hace más de 20 años.
En palabras de un ingeniero de campo de YPFB, “la exploración es como sembrar: no se cosecha en un día, pero si no se planta ahora, en el futuro no habrá nada que recoger”. Esa es, precisamente, la apuesta estratégica que Bolivia ha decidido emprender.


