LA PAZ, 17 mar (El Libre Observador) — La escalada del conflicto en Medio Oriente comienza a proyectar efectos más allá de la región y amenaza con impactar en economías dependientes de la importación de energía, como la de Bolivia, que enfrenta un escenario de fragilidad interna en medio de un ajuste aún incipiente.
Analistas económicos advierten que el enfrentamiento de Israel y Estados Unidos contra Irán, que ya supera las dos semanas, podría traducirse en un incremento sostenido del precio internacional del petróleo, con efectos directos sobre los costos de importación de combustibles en el país andino amazónico.
“Existe una alta dependencia de importaciones energéticas; hablamos de diésel y gasolina, cuyos precios podrían subir”, señaló el economista Fernando Romero, quien advirtió que el conflicto introduce un factor de incertidumbre global capaz de alterar variables clave como la inflación, el tipo de cambio, el gasto público y el endeudamiento estatal.
El impacto se amplifica por la posición estructural de Bolivia como economía “tomadora de precios” en los mercados internacionales. Aunque no mantiene un comercio directo significativo con los países en conflicto, su exposición al mercado energético global la hace vulnerable a cualquier alteración en la oferta de crudo, concentrada en buena parte en Medio Oriente.
Irán, uno de los actores centrales del conflicto, produce alrededor de 3,3 millones de barriles de petróleo diarios y es un actor relevante dentro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), lo que convierte cualquier tensión en la región en un factor de presión sobre los precios internacionales.

Para el analista Ronald Nostas Ardaya, la coyuntura internacional llega en un momento particularmente sensible. “El precio del petróleo superó los cien dólares por barril en pocos días, lo que incrementa el costo de las importaciones y presiona el gasto público”, señaló, al advertir sobre el riesgo de un mayor déficit fiscal.
El encarecimiento de la energía no solo impactaría en las cuentas externas, sino también en la estabilidad interna. Según los expertos, podría tensionar las reservas internacionales, alimentar presiones inflacionarias y derivar en conflictos sociales si se trasladan los costos a la economía doméstica.
Ambos analistas coinciden en que el Gobierno deberá adoptar medidas inmediatas para mitigar el impacto, como asegurar el suministro de combustibles mediante contratos estables, optimizar el sistema de subvenciones y reducir el contrabando. A mediano plazo, plantean la necesidad de diversificar la matriz energética y disminuir la dependencia de combustibles importados.
En un contexto global marcado por la volatilidad, la guerra en Medio Oriente actúa como un recordatorio de la vulnerabilidad de economías emergentes frente a shocks externos. Para Bolivia, el desafío no solo será resistir el impacto inmediato, sino avanzar hacia una estructura más resiliente que reduzca su exposición a crisis internacionales.

