LA PAZ, 29 ene (El Libre Observador) – Bolivia vive un momento excepcional en los mercados internacionales de materias primas. El estaño, el zinc, la plata y el oro cotizan en niveles históricamente altos, impulsados por la transición energética global, la demanda industrial y la incertidumbre financiera internacional. Sobre el papel, el país debería estar recibiendo una lluvia de dólares. En la práctica, gran parte de ese ingreso se evapora antes de cruzar la frontera.
Así lo advierte la Fundación Jubileo, uno de los centros de análisis económico más influyentes del país, que calcula que Bolivia podría generar más de 16.000 millones de dólares anuales gracias al actual boom minero. Sin embargo, sostiene que una combinación de distorsiones cambiarias y falta de control sobre las comercializadoras impide que esas divisas ingresen de manera efectiva a la economía nacional.
El problema, según el informe difundido esta semana, está en la brecha entre el tipo de cambio oficial y el mercado paralelo. Mientras el Estado mantiene un dólar administrado, la escasez de divisas ha empujado a empresas e importadores a buscar dólares fuera del sistema formal, a precios significativamente más altos. Esa diferencia crea incentivos para que los dólares generados por las exportaciones mineras se queden en el exterior.
El mecanismo es complejo pero decisivo. Las comercializadoras venden los minerales bolivianos en mercados internacionales y reciben el pago en dólares. Esas divisas, en lugar de ingresar al sistema financiero del país, se negocian fuera de Bolivia con importadores que necesitan dólares para comprar bienes. El pago final a los productores se realiza en moneda local, muchas veces calculado al tipo de cambio oficial, lo que reduce el beneficio real para quienes extraen el mineral y priva al país de dólares frescos.

El resultado es una paradoja económica: Bolivia exporta más y a mejores precios, pero enfrenta una persistente escasez de divisas. Para Jubileo, esta dinámica no solo debilita las reservas internacionales, sino que también limita la capacidad del Estado para estabilizar la economía y atender sus crecientes necesidades fiscales.
Ante este escenario, la fundación plantea una reforma sensible y políticamente costosa: la unificación del tipo de cambio bajo un esquema flexible. El objetivo sería eliminar la brecha que hoy distorsiona las decisiones económicas y desalienta el ingreso formal de dólares. “Mientras exista un dólar oficial muy por debajo del mercado real, el sistema seguirá expulsando divisas”, advierte el análisis.
La propuesta incluye, además, reactivar las cuentas en dólares dentro del sistema bancario nacional y fortalecer los mecanismos de control sobre las comercializadoras. Jubileo sugiere verificar con mayor rigor el origen del mineral, el cálculo de volúmenes y leyes, y el cumplimiento de normas laborales y ambientales, en un sector históricamente marcado por la informalidad y la opacidad.
El informe concluye con una advertencia de fondo: Bolivia enfrenta una ventana de oportunidad que podría cerrarse rápidamente si cambian las condiciones del mercado internacional. Sin una corrección del régimen cambiario y sin mayor transparencia en la cadena minera, el país corre el riesgo de repetir una vieja historia latinoamericana: abundancia de recursos, pero escasez de beneficios reales para su economía y su población.

