SANTA CRUZ, 25 jul (El Libre Observador) — La advertencia llegó en un acto protocolar, pero resonó como una señal de alarma para Bolivia. Hiroshi Onomura, embajador de Japón en La Paz, advirtió este viernes que el rechazo en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) de un crédito de 100 millones de dólares concedido por Tokio podría condicionar cualquier futura línea de financiamiento hacia el país andino, que atraviesa un momento de alta tensión fiscal e incertidumbre política por las elecciones generales del 17 de agosto, que perfila resultados apretados y una previsible segunda vuelta.
“Sin la aprobación de este crédito no podemos planear nuevos créditos. Es un paso a paso, por eso dije que afectará a los préstamos nuevos en el futuro”, declaró Onomura en Santa Cruz, durante la firma de un contrato de donación para construir aulas en una escuela pública.
Aunque aclaró que su gobierno no ha recibido una notificación oficial del Legislativo, aseguró haberse enterado por los medios de comunicación sobre la negativa.

El préstamo, canalizado por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), fue otorgado en 2021 para fortalecer la respuesta sanitaria contra la COVID-19. Superada la emergencia, el Gobierno de Luis Arce buscaba redirigir parte de los fondos para financiar la logística del voto en el exterior, mientras enfrenta un bloqueo político en la ALP que mantiene paralizados 1.740 millones de dólares en créditos externos, según cifras oficiales.
El 2 de julio, el oficialismo intentó aprobar el crédito japonés en paquete con otro préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), pero la oposición bloqueó la iniciativa. La sesión terminó en un cuarto intermedio indefinido, declarado por el vicepresidente David Choquehuanca, lo que dejó en suspenso los recursos y elevó el riesgo de fricciones diplomáticas.
Para Tokio, que desde la década de 1970 ha mantenido una relación estable con Bolivia basada en cooperación y asistencia, la advertencia es más que un gesto financiero: refleja un cambio de tono en un vínculo que históricamente ha sido fluido.
Japón es uno de los principales donantes bilaterales del país, ha financiado proyectos de agua, saneamiento y educación, y ha respaldado programas de infraestructura rural en comunidades indígenas y campesinas. Sin embargo, la demora en aprobar créditos ya comprometidos genera dudas sobre la viabilidad de nuevos apoyos.
“Si el gobierno boliviano va a solicitar nuevamente otros créditos, vamos a pensarlo. Normalmente, como préstamo y crédito, es paso a paso. Si este crédito no se aprueba, no podemos conseguir nuevos créditos”, insistió Onomura.

La advertencia llega en un contexto de presión sobre las finanzas públicas. Bolivia enfrenta una caída de reservas internacionales, déficit fiscal crónico y un mercado cambiario tensionado, mientras la economía se desacelera y la campaña electoral intensifica la disputa política.
Onomura subrayó que Japón mantiene “muchos esquemas de cooperación” con Bolivia, una relación que abarca desde programas de becas hasta proyectos productivos en el altiplano.
La advertencia no implica una ruptura, pero sí una señal: sin garantías de cumplimiento y estabilidad institucional, la cooperación financiera podría ralentizarse justo cuando el país más la necesita.


