LA PAZ, 26 jun (El Libre Observador) — La revolución silenciosa del dinero digital ha encontrado un aliado inesperado en los Andes. Bolivia, una de las economías más pequeñas y tradicionalmente rezagadas de Sudamérica, ha irrumpido con fuerza en el mapa de la transformación financiera. En apenas cinco meses de 2025, el país procesó más de 605 millones de operaciones electrónicas, casi el doble del mismo periodo del año anterior, gracias a una política agresiva de modernización impulsada desde el Banco Central.
El dato no solo representa un salto cuantitativo. Bolivia está dejando de ser un actor periférico en el ecosistema de pagos de la región. El país ha logrado lo que pocos esperaban: integrarse al esquema PIX, el sistema de pagos instantáneos del Banco Central de Brasil, uno de los más avanzados del continente, y se prepara para incorporar activos virtuales estables (stablecoins), como el USDT, en sus operaciones autorizadas.
“Estamos hablando de un cambio estructural, no de una moda pasajera”, señala el Banco Central de Bolivia (BCB). “El sistema financiero se está abriendo no solo a nuevas tecnologías, sino también a nuevos actores internacionales. Eso cambia las reglas del juego”, agrega.
La cifra de 605 millones de operaciones representa un crecimiento del 89% respecto al mismo periodo de 2024. Y si se observan las transacciones por habitante, el salto es aún más llamativo: de 41 operaciones per cápita en 2024 a 77 en lo que va del año. El uso de pagos con QR —que ya representa el 85% de las transferencias electrónicas— se ha masificado en comercios pequeños, mercados, plataformas digitales y zonas rurales.
Pero el dato más simbólico quizás no está en los números, sino en las decisiones estratégicas: la incorporación formal del sistema PIX, diseñado por el Banco Central de Brasil, convierte a Bolivia en un país pionero en la interconexión de sistemas soberanos de pago en Sudamérica.
PIX, lanzado en 2020, es uno de los modelos de mayor éxito global. Su adopción por parte de Bolivia no solo es una decisión tecnológica: es también una apuesta geopolítica por la cooperación regional, la desdolarización progresiva y la soberanía monetaria digital.
A esto se suma la intención del BCB de habilitar pagos con stablecoins reguladas, como USDT (Tether), en un entorno controlado por operadores financieros autorizados. El país se prepara para regular jurídicamente estas nuevas formas de dinero digital que, en otros contextos, han desafiado a los bancos centrales. En Bolivia, en cambio, se integran bajo supervisión directa, como parte del ecosistema.

“La clave no es resistirse al cambio, sino gobernarlo”, apunta un experto financiero boliviano vinculado al proceso. “La digitalización financiera es inevitable. Lo que estamos haciendo es canalizarla en favor de la inclusión, la eficiencia y la integración regional”.
Desde 2022, Bolivia se convirtió en el segundo país de América Latina en alcanzar interoperabilidad plena en su sistema de pagos minorista, permitiendo transferencias instantáneas entre entidades financieras de forma ágil y segura. Pero este 2025 ha marcado el inicio de una nueva fase: la diversificación.
La Resolución 111/2024 del Banco Central marcó ese punto de inflexión. La norma establece estándares de seguridad, acceso y actualización para las entidades del sistema de pagos, al tiempo que permite abrir la puerta a nuevos esquemas como carteras digitales, billeteras móviles, pagos inmediatos, y la mencionada incorporación de monedas digitales estables.
La apuesta tiene un trasfondo político-económico más amplio: la inclusión financiera como política pública. Con más de 2 millones de personas aún fuera del sistema bancario, los pagos digitales —particularmente a través de QR en zonas rurales— han reducido las brechas y abierto posibilidades inéditas para pequeños productores, comerciantes y jóvenes emprendedores.
Bolivia busca ahora posicionarse como un referente emergente en materia de transformación digital financiera en el Sur Global. Y no lo hace desde una lógica imitativa, sino con una hoja de ruta propia, que mezcla integración regional, innovación regulada y adaptación institucional.
En un contexto donde grandes economías se debaten entre la innovación y el control, Bolivia ha optado por un equilibrio inusual: abrir el sistema, pero bajo criterios de soberanía y supervisión estatal.


