LA PAZ, 18 feb (El Libre Observador) — Las calles se llenan de música, comparsas y rituales ancestrales, pero lejos de los escenarios festivos, otra operación avanza en silencio. Durante las celebraciones de Carnaval, el Estado de Bolivia desplegó uno de sus mayores operativos antidroga del año y logró la detención de 43 personas, además del decomiso de más de 4,7 toneladas de marihuana y 79 kilos de cocaína.
El balance fue presentado este miércoles por el viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas, Ernesto Justiniano, quien detalló que los resultados se enmarcan en el denominado “Plan Carnaval con Seguridad”. La estrategia combinó controles en carreteras, operativos de inteligencia y allanamientos simultáneos en distintas regiones del país, aprovechando información acumulada durante semanas previas a las fiestas.
En total, las fuerzas antidroga ejecutaron 133 operativos a escala nacional. El mayor decomiso se registró en Oruro, epicentro del Carnaval boliviano, donde se incautaron 3,2 toneladas de marihuana. En Cochabamba fueron confiscadas otras 1,3 toneladas, mientras que en Santa Cruz se secuestraron 83 kilos de marihuana y cápsulas de cocaína. En Potosí, los agentes interceptaron 21 kilos adicionales de marihuana.

Además de los cargamentos, las autoridades informaron sobre la destrucción de cinco fábricas clandestinas de droga, utilizadas para el procesamiento y acopio de sustancias ilícitas. Según el Gobierno, las personas detenidas están vinculadas a redes de narcotráfico que intentaron aprovechar la masiva circulación de personas durante el Carnaval para mover estupefacientes dentro y fuera del país.
“Celebramos nuestras tradiciones, pero sin dar tregua al narcotráfico”, afirmó Justiniano, al destacar el trabajo de los efectivos desplegados durante los festejos. El mensaje oficial busca subrayar que la fiesta y la seguridad no son excluyentes, incluso en un país donde el Carnaval moviliza a cientos de miles de personas y concentra la atención nacional e internacional.
Bolivia, uno de los principales productores mundiales de hoja de coca, ocupa también una posición estratégica como territorio de tránsito para la cocaína destinada a mercados regionales y europeos. Por ello, los periodos festivos representan un desafío adicional para las autoridades, que deben reforzar controles sin afectar el desarrollo de las celebraciones culturales.
Mientras las bandas continúan tocando y las danzas recorren las calles, el operativo deja una imagen paralela del Carnaval boliviano: la de un Estado que intenta mostrar presencia y control frente a un negocio ilícito que no se detiene ni siquiera en los días de fiesta.

