LA PAZ, 8 jul (El Libre Observador) — En un país marcado por los vaivenes del exilio y la judicialización de la política, la declaración del presidente boliviano Luis Arce resuena con un mensaje de permanencia inusual: no huirá al concluir su mandato.
A diferencia de varios expresidentes latinoamericanos que han enfrentado procesos judiciales o han optado por alejarse del poder en el anonimato, Arce ha optado por una salida diferente: regresar a su cátedra en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en La Paz, donde enseñó durante años materias como política económica y finanzas públicas. Desde allí —afirma— continuará su compromiso con el país.
«Volveré a la academia, a mi alma mater», dijo Arce en una declaración reciente cargada de simbolismo político. «Desde las aulas también se construye patria. Y desde ahí estaremos vigilantes, aplaudiendo lo que beneficie al país y denunciando lo que traicione al pueblo».
Sus palabras llegan en medio de una creciente polarización interna en el oficialista Movimiento al Socialismo (MAS), el partido que fundó Evo Morales y que ahora se encuentra dividido entre el ala “evista” y el “arcismo”, con miras a las elecciones generales de 2025.
Mientras Morales no se da por vencido por reimpulsar su candidatura, Arce ha optado por no postularse, al menos por ahora, apelando a una decisión que define como ética y necesaria: «No participar en estas elecciones fue una decisión correcta, porque el proceso ya se estaba politizando bajo los argumentos de siempre de la derecha», señaló.

El presidente boliviano —que lideró la cartera de Economía durante casi 12 años en los gobiernos de Morales y diseñó el llamado «modelo económico social comunitario productivo»— ha vuelto a tomar distancia del expresidente, aunque sin nombrarlo directamente.
«Sabemos lo que hace la derecha con su persecución política cuando llega al poder, lo vivimos en 2019. Pero nosotros no somos los que se escapan: somos los que nos quedamos», afirmó, en alusión velada tanto a la crisis postelectoral que derivó en la renuncia de Morales y posterior huida a México y Argentina, además, del exilio temporal de otros ex ministros y dirigentes del MAS.
Más allá de la disputa partidaria, Arce busca proyectar una imagen de continuidad institucional y compromiso ideológico, reivindicando su formación académica como un espacio desde el cual continuar la acción política.
El hecho de que su regreso a la UMSA se dé en un momento de reconfiguración del escenario político boliviano no es casual. Bolivia enfrenta múltiples desafíos económicos: la presión sobre sus reservas internacionales, la inflación contenida a costa de subsidios millonarios y una creciente necesidad de inversión extranjera en sectores estratégicos como el litio y la industrialización.
En ese contexto, el presidente saliente busca dejar un legado más allá de su gestión: la defensa de un modelo económico con rostro social y soberanía estatal, y la construcción de pensamiento político desde el conocimiento. «Nuestra política se basa en principios, no en intereses. Desde la universidad también se hace patria, también se enfrenta a la derecha», aseveró.
La decisión de Arce de quedarse en Bolivia, sin pedir asilo, sin buscar impunidad y sin esconderse tras fueros, puede leerse como un mensaje de desafío al futuro gobierno en un país acostumbrado a que sus líderes salgan del poder por la puerta trasera o acompañados de una orden de aprehensión. En tiempos de incertidumbre y desgaste político, su retorno a la docencia parece sugerir que, al menos para él, la política no se acaba con el mandato, simplemente cambia de aula.


