LA PAZ, 18 feb (El Libre Observador) — Tras casi dos décadas de relaciones congeladas, el Gobierno de Bolivia asegura haber iniciado un acercamiento diplomático con Estados Unidos sin aceptar condiciones políticas ni exigencias previas. El mensaje, reiterado esta semana por la Cancillería, busca despejar sospechas internas y externas en un contexto regional marcado por la competencia entre grandes potencias y la necesidad boliviana de recuperar margen de maniobra internacional.
“El diálogo se desarrolla sobre la base del respeto mutuo, la soberanía y la cooperación en temas de interés común”, afirmó el canciller Fernando Aramayo, al subrayar que las conversaciones con Washington no están atadas a alineamientos en política exterior. Según explicó, tanto en su reunión bilateral con el secretario de Estado Marco Rubio como en los contactos con el subsecretario Christopher Landau, no se plantearon condiciones para avanzar en la normalización de vínculos.
El acercamiento marca un punto de inflexión tras 17 años de relaciones prácticamente paralizadas, desde la expulsión del embajador estadounidense durante el Gobierno de Evo Morales, un episodio que simbolizó el giro antiestadounidense de la política exterior boliviana en la primera década del siglo. Desde entonces, la relación bilateral quedó reducida a canales mínimos, sin embajadores y con cooperación limitada.
Aramayo rechazó de forma explícita que el restablecimiento pleno de relaciones esté condicionado a que Bolivia adopte posiciones favorables a Washington frente a terceros países. “Sería falso afirmar que existen condicionamientos”, sostuvo, al referirse a las lecturas que vinculan el diálogo con Estados Unidos a una eventual toma de distancia de China o de Irán.

En un escenario global cada vez más fragmentado, el canciller apeló al pragmatismo. Recordó que incluso potencias con discursos confrontados mantienen relaciones comerciales y canales diplomáticos activos. “La situación no es tan blanca y negra”, dijo, en alusión a la convivencia entre rivalidad geopolítica y cooperación económica que define la política internacional contemporánea.
El Gobierno boliviano sitúa este giro en una agenda centrada en inversión, tecnología y apertura económica, áreas en las que Washington sigue siendo un actor clave. Para La Paz, la recomposición de vínculos no implica renunciar a principios, sino ampliar opciones en un momento en que la economía nacional busca nuevas fuentes de dinamismo y financiamiento.
Aramayo reconoció que Bolivia arrastra un periodo prolongado de aislamiento internacional. “Hemos vivido una suerte de criogenización que ahora debemos revertir”, afirmó, al señalar que las ideologías no deberían convertirse en un obstáculo para el diálogo. La prioridad, insistió, es recuperar presencia y proyección externa sin aceptar una política exterior “tutelada”.
El acercamiento con Estados Unidos, aún en una fase inicial y cargado de cautela, refleja una apuesta por reinsertarse en un tablero regional y global más complejo que el de hace dos décadas. Para el Gobierno boliviano, el desafío consiste en equilibrar soberanía y pragmatismo: dialogar con Washington sin romper con otros socios estratégicos y sin quedar atrapado en las lógicas binarias de la nueva geopolítica.

