LA PAZ, 21 jul (El Libre Observador) — Durante más de tres años, la guerra entre Rusia y Ucrania parecía un conflicto remoto para Bolivia, una tragedia seguida a través de mapas, imágenes satelitales y comunicados diplomáticos. Pero esa distancia geográfica se desvaneció este martes cuando el Gobierno confirmó que al menos 26 ciudadanos bolivianos firmaron contratos con las Fuerzas Armadas de Rusia. Uno de ellos murió en el frente, cuatro permanecen heridos y otro logró regresar al país, mientras una veintena continúa vinculada al Ejército ruso en circunstancias que todavía generan interrogantes.
La confirmación, realizada por el canciller Fernando Aramayo, convierte a Bolivia en uno de los países latinoamericanos que han debido enfrentar las consecuencias directas del conflicto europeo, una guerra que desde febrero de 2022 ha dejado cientos de miles de muertos y heridos, ha desplazado a millones de personas y ha transformado el equilibrio geopolítico mundial.
Aunque Moscú nunca decretó una movilización masiva permanente tras la invasión de Ucrania, la prolongación del conflicto llevó a las autoridades rusas a reforzar el reclutamiento mediante contratos militares dirigidos tanto a ciudadanos rusos como a extranjeros.
Diversas investigaciones periodísticas y organismos internacionales documentaron durante los últimos dos años la incorporación de combatientes procedentes de Asia, África y América Latina, muchos de ellos atraídos por promesas de salarios elevados, residencia o nacionalidad rusa.
«Hemos registrado 26 casos de ciudadanos bolivianos vinculados a las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa; 20 mantienen contratos activos», informó Aramayo durante una conferencia de prensa en La Paz, al presentar el primer balance oficial sobre un caso que comenzó a emerger tras las denuncias de familiares de jóvenes desaparecidos.
Según la Cancillería, uno de los bolivianos falleció en el conflicto, cuatro permanecen hospitalizados en centros médicos militares y otro ya fue repatriado. El Gobierno también intenta establecer el paradero de 19 ciudadanos cuya situación todavía no ha podido verificarse plenamente.

Las investigaciones oficiales apuntan a que varios de los bolivianos viajaron inicialmente convencidos de que accederían a empleos civiles en territorio ruso. Sin embargo, según las denuncias de sus familiares, terminaron firmando contratos militares que los incorporaron a unidades desplegadas en la guerra contra Ucrania.
El caso expone una de las consecuencias menos visibles de un conflicto que, con el paso de los años, comenzó a extender su influencia mucho más allá de Europa. A medida que la guerra se prolongó y aumentaron las bajas en ambos bandos, crecieron también las redes de intermediarios y reclutadores que ofrecían oportunidades laborales en Rusia a ciudadanos de países con dificultades económicas, una modalidad que hoy es objeto de investigaciones por presunta trata de personas en varias naciones.
Aramayo sostuvo que la Cancillería reactivó las gestiones diplomáticas desde noviembre de 2025, cuando tomó conocimiento de los primeros casos. Entre el 6 y el 9 de junio, una misión consular viajó para asistir a uno de los ciudadanos heridos, gestionar su desvinculación del Ejército ruso y acompañar su atención médica.
El canciller también informó que el pasado 17 de julio sostuvo una reunión con el embajador ruso en Bolivia, Dmitry Vérchenko, en la que ambos acordaron establecer un mecanismo de seguimiento prioritario para los ciudadanos bolivianos involucrados en el conflicto.
El ministro afirmó además que la administración anterior, encabezada por Luis Arce, conocía la existencia de estos casos, aunque, según dijo, no activó acciones diplomáticas oportunas. «Nosotros recuperamos la actuación desde noviembre de 2025», sostuvo.
Mientras tanto, la Fiscalía boliviana abrió investigaciones por presunta trata de personas con fines de reclutamiento para conflictos armados, después de que familiares denunciaran que las ofertas de empleo utilizadas para captar a los jóvenes ocultaban la posibilidad de incorporarse al Ejército ruso. La Defensoría del Pueblo también solicitó reforzar la protección consular y acelerar las gestiones para identificar y repatriar a quienes deseen abandonar las filas militares.
La historia de estos 26 bolivianos resume una de las transformaciones más profundas que ha dejado la guerra en Ucrania. Lo que comenzó como una invasión entre dos países vecinos terminó creando un mercado global de reclutamiento militar que alcanza incluso a ciudades y comunidades alejadas de cualquier frente de batalla.
Para Bolivia, el conflicto ya dejó de ser un asunto de política internacional. Tiene nombres, familias que esperan noticias y un fallecido cuya historia simboliza cómo una guerra librada a más de 12.000 kilómetros puede terminar cambiando la vida, y la muerte, de ciudadanos que alguna vez creyeron haber viajado simplemente en busca de una oportunidad económica.

