Por Arabela Terrazas Chavez

LA PAZ, 26 may (El Libre Observador) — La enseñanza de la matemática ha estado históricamente rodeada de una percepción negativa que genera en estudiantes sentimientos de ansiedad, frustración e incluso rechazo, a esto se lo conoce como “ansiedad matemática”, que constituye una barrera invisible que limita el aprendizaje significativo y el desarrollo del pensamiento lógico en los estudiantes. Más allá de las dificultades cognitivas, el miedo se convierte en un factor determinante que condiciona la relación del estudiante con esta disciplina.
Desde mi experiencia como estudiante de la Escuelas de Formación de Maestros “Juan Misael Saracho”, en la Práctica Educativa Comunitaria aún se observa que el miedo a las matemáticas está presente en los estudiantes, en distintas unidades educativas. Los estudiantes manifiestan nerviosismo, inseguridad o rechazo antes de resolver ejercicios matemáticos, debido a experiencias previas donde el equivocarse era motivo de burla por parte de sus compañeros. Esto también se debe a las metodologías que el docente utiliza para impartir sus clases, aún hay docentes que se manejan con metodologías tradicionales, lo cual, dificulta la comprensión y como efecto provoca un desinterés por parte de los estudiantes.
Diversos autores han abordado esta problemática desde distintas perspectivas, uno de ellos es: Skemp, R. (1976), que dice que el aprendizaje matemático puede ser instrumental o relacional. El aprendizaje matemático instrumental se basa en la memorización de procedimientos sin una comprensión correcta, mientras que el aprendizaje matemático relacional implica entender los conceptos y establecer conexiones. Cuando la enseñanza se centra solo en lo instrumental, los estudiantes suelen experimentar inseguridad y temor ante situaciones nuevas, ya que no cuentan con herramientas para razonar, sino solo para repetir.

En esta misma línea, Boaler, Jo (2016), sostiene que el miedo a las matemáticas surge, en gran medida, de prácticas pedagógicas tradicionales que enfatizan el error como fracaso en lugar de comprenderlo como una oportunidad de aprendizaje. En aulas donde se penaliza el error, los estudiantes desarrollan una mentalidad fija, creyendo que su capacidad matemática es limitada e inalterable. Esto refuerza la idea de que “no son buenos para las matemáticas”, lo cual, afecta directamente su autoestima académica.
Además, el contexto sociocultural también influye en la construcción de este miedo. Como señala Vygotsky, L (1978), el aprendizaje es un proceso social mediado por la interacción y el lenguaje. Si el entorno educativo transmite mensajes negativos sobre la dificultad de la matemática o promueve la comparación constante entre estudiantes, se fortalece un clima de tensión que obstaculiza el aprendizaje. En este sentido, el rol del docente es muy importante como mediador que puede transformar la experiencia educativa mediante un proceso inclusivo y motivador.
Por otro lado, la evaluación tradicional también contribuye a este problema. Las pruebas estandarizadas, centradas en resultados y respuestas correctas, generan presión y refuerzan el temor al error. Según Kohn, A. (2000), este tipo de evaluación promueve una cultura de competencia en lugar de aprendizaje, donde los estudiantes priorizan las calificaciones por encima de la comprensión.
Aprender con miedo no solo afecta el rendimiento académico, sino que limita el desarrollo integral del estudiante. Superar esta problemática implica transformar la enseñanza de la matemática en una experiencia más humana, comprensiva y accesible. Solo así será posible formar estudiantes capaces de enfrentar los desafíos con confianza y pensamiento crítico, dejando atrás el miedo como obstáculo para aprender.
Frente a esta situación, es necesario replantear las prácticas pedagógicas en la enseñanza de la matemática. Se requiere promover metodologías activas que fomenten la participación, el razonamiento y la resolución de problemas en contextos significativos. Asimismo, es importante crear un ambiente seguro donde el error sea valorado como parte del proceso de aprendizaje.

