LA PAZ, 24 ene (El Libre Observador) – Con fervor y esperanza, Bolivia dio inicio este viernes a la emblemática feria de la miniatura, conocida este año como la “Alasita del Bicentenario”, en homenaje a los 200 años de independencia del país.
Esta tradición, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2017, reúne a miles de personas en las ciudades de La Paz y El Alto, donde los sueños y las creencias cobran forma en pequeñas réplicas de los deseos más anhelados.
Desde casas, terrenos y vehículos, hasta títulos profesionales y billetes en dólares, las miniaturas adquiridas en la Alasita simbolizan aspiraciones que los bolivianos esperan ver materializadas.

Según la arquitecta y experta en patrimonio, Ana Patricia Huanca, esta festividad no solo es una exaltación de la tradición andina, sino también un reflejo de su evolución.
«La Alasita ha pasado de ser una celebración estrictamente religiosa a un fenómeno cultural que integra fe y prosperidad material en todos los estratos sociales», señaló.
La ch’alla, una ceremonia ancestral de bendición, es un componente central de la festividad. Altarcitos improvisados se adornan con flores, azúcar, vino y otros elementos, mientras se realizan ofrendas al Ekeko, el dios de la abundancia, para garantizar que los deseos se cumplan.
En afueras del Palacio Quemado y la Plaza Murillo fueron escenarios de un evento que mezcló tradición y modernidad.

El presidente Luis Arce, acompañado del vicepresidente David Choquehuanca y varios ministros, rompió con la rutina gubernamental para participar en esta festividad. «Que haya abundancia y prosperidad para toda la familia boliviana», expresó Arce, mientras repartía miniaturas a los asistentes.
En un gesto simbólico, una ciudadana entregó al mandatario billetes en miniatura, reflejo de la aspiración colectiva de un país que busca estabilidad económica.
Más tarde, Arce compartió un mensaje en sus redes sociales: “¡Jallalla nuestras tradiciones! Visitamos nuestra tradicional Feria de Alasita en Plaza Murillo y compartimos un grato momento con nuestras caseritas”, acompañando sus palabras con imágenes de su visita.

La Alasita, que se desarrollará por tres semanas, ha trascendido las fronteras nacionales en las últimas décadas, llevando su esencia a otros países. Además, ha dejado de ser exclusiva de las zonas populares para convertirse en un evento de alcance transversal en la sociedad boliviana.
La viceministra de Comunicación, Gabriela Alcón, subrayó el significado cultural de esta edición especial. «Es la Alasita del Bicentenario, un momento para celebrar nuestra identidad y fomentar la unidad entre todos los bolivianos», afirmó.
Mientras tanto, los hábiles artesanos que dan vida a estas miniaturas seguirán cautivando con su creatividad y detallismo, manteniendo viva una tradición que, en el año del bicentenario, refuerza el vínculo de los bolivianos con sus raíces, sus sueños y su futuro.

