LA PAZ, 13 oct (El Libre Observador) — Treinta años después de que el mundo adoptara en Beijing una de las agendas más ambiciosas para la igualdad de género, Bolivia volvió a levantar la voz desde el sur global. La canciller Celinda Sosa, primera mujer indígena en ocupar la jefatura de la diplomacia boliviana, participó de forma virtual en la Cumbre Mundial sobre la Mujer celebrada en la capital china, con un llamado a “borrar de una vez el rostro femenino de la pobreza”.
En un escenario marcado por la desigualdad económica, la crisis climática y los retrocesos en derechos reproductivos en varios países, Sosa pidió renovar los compromisos de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, aprobada en 1995 como hoja de ruta para la igualdad de género.
“Las mujeres somos constructoras de paz y creadoras de vida”, subrayó, insistiendo en que la justicia social y la cooperación internacional son claves para garantizar el desarrollo integral de todas las mujeres, especialmente las más vulnerables.
Un compromiso pendiente
Para Bolivia, el mensaje tiene resonancias profundas. Desde la llegada del Estado Plurinacional en 2009, el país incorporó en su Constitución el principio de paridad y despatriarcalización como ejes del modelo político.
Sin embargo, las brechas persisten: más del 60 % de las mujeres trabajan en el sector informal, los niveles de violencia de género siguen siendo alarmantes y el acceso al crédito, la tierra o la justicia continúa marcado por la desigualdad estructural.
La intervención de Sosa buscó colocar a Bolivia en el debate global sobre la redistribución del poder económico y simbólico. “No basta con hablar de empoderamiento: hay que transformar las estructuras que reproducen la pobreza con rostro de mujer”, señaló una fuente diplomática boliviana que acompañó el discurso.

Beijing, tres décadas después
La Cumbre Mundial sobre la Mujer fue inaugurada por el presidente Xi Jinping bajo el lema “Un Futuro Compartido: Un Proceso Nuevo y Acelerado para el Desarrollo Integral de las Mujeres”.
En su mensaje, el mandatario chino recordó que la comunidad internacional tiene la “responsabilidad compartida” de impulsar el avance de las mujeres en todos los ámbitos y de proteger los logros alcanzados frente a los retrocesos que se observan en varios países.
Treinta años después de la histórica conferencia de 1995 —que acuñó el lema “Acción para la igualdad, el desarrollo y la paz”—, el debate global se ha vuelto más complejo. Si en aquel entonces se hablaba de empoderamiento y derechos civiles, hoy se discute el impacto del cambio climático, la digitalización del trabajo y la feminización de la pobreza en las economías del sur.
Bolivia en la agenda global
En ese contexto, la voz de Bolivia aparece como parte de un bloque de países latinoamericanos que defienden una visión colectiva, comunitaria y plurinacional de los derechos de las mujeres.
Sosa no solo apeló al cumplimiento de los compromisos de Beijing, sino que subrayó la necesidad de construir una justicia social con enfoque de género, capaz de integrar a las mujeres rurales, indígenas y trabajadoras del hogar, históricamente marginadas de las políticas públicas.
“La causa de la mujer no es un tema sectorial, es una causa de humanidad”, afirmó la canciller, cuyo discurso fue seguido con atención por las delegaciones latinoamericanas y asiáticas. Su mensaje conectó con el espíritu original de la Conferencia de 1995, cuando miles de activistas de todo el mundo reunidas en Beijing proclamaron que “los derechos de las mujeres son derechos humanos”.

Una agenda que vuelve a Beijing
La nueva Cumbre —que concluye este martes— se desarrolla en un momento de crisis múltiple: económica, ambiental y política. Pero también de resistencia. En palabras de Sosa, “el futuro compartido que buscamos solo será posible si erradicamos las desigualdades que aún nos dividen”. Treinta años después, el eco de aquella conferencia que marcó una era resuena otra vez en Beijing. Y Bolivia, desde el corazón de Sudamérica, vuelve a recordarle al mundo que la igualdad no es un discurso diplomático, sino una deuda pendiente con más de la mitad de la humanidad.

