Por Margarita Marín L.
LA PAZ, 7 mar (El Libre Observador) — La reciente felicitación del empresario Marcelo Claure a Quantum Motors y al alcalde de Cochabamba y precandidato presidencial, Manfred Reyes Villa, por su apuesta en la transformación de la matriz energética y del transporte en Bolivia ha encendido un debate crucial: ¿es realmente viable este cambio o solo se trata de una ilusión futurista sin cimientos sólidos?
La urgencia de diversificar la matriz energética boliviana no es un capricho ecológico ni una tendencia de moda. Es una necesidad imperiosa en un país cuya economía sigue atada al gas y los minerales, recursos cada vez más volátiles y sujetos a crisis cíclicas.
En este contexto, la propuesta de Quantum Motors de fabricar vehículos eléctricos nacionales parece una bocanada de aire fresco en medio de una dependencia energética obsoleta. Pero la gran pregunta sigue en el aire: ¿puede Bolivia sostener esta transición sin una infraestructura adecuada, sin incentivos reales y con un aparato estatal anquilosado en la burocracia?

El problema no es la falta de voluntad, sino la falta de visión estratégica. Hablar de movilidad eléctrica en un país donde las calles siguen dominadas por vehículos con décadas de antigüedad y donde el suministro eléctrico es inestable en muchas regiones, es casi un chiste de mal gusto.
No basta con fabricar autos eléctricos; se necesitan estaciones de carga, políticas fiscales que incentiven su uso, y, sobre todo, un plan de modernización del transporte público que no termine siendo otra promesa vacía.
Por otro lado, la mención de Reyes Villa en este contexto nos lleva a otro punto de análisis. Su intención de modernizar el transporte en Cochabamba es un paso positivo, pero la ejecución de estos proyectos es donde suelen naufragar las buenas ideas en Bolivia.
¿Cuántos planes ambiciosos han quedado atrapados en el laberinto de la corrupción, la falta de financiamiento y la apatía política? Si no hay un respaldo claro del Estado y del sector privado, la transformación del transporte quedará reducida a un espejismo electoral.
Bolivia tiene el potencial para dar este salto, pero carece de un plan sólido que convierta las buenas intenciones en políticas concretas y sostenibles. Celebrar las iniciativas individuales está bien, pero si no se integran en un esquema nacional serio y estructurado, el futuro de la movilidad sostenible seguirá siendo un sueño inalcanzable y no pasará de ser parte de una campaña política.
El país necesita más que elogios y discursos esperanzadores: requiere políticas públicas claras, inversión en infraestructura y un compromiso real de los actores políticos y económicos.
De lo contrario, la transformación energética y del transporte en Bolivia será solo otro capítulo de promesas incumplidas en nuestra historia.


