Por Geosmar Esparsa
LA PAZ — Parafraseando al maestro García Márquez, pareciera que en Bolivia se escribe una «Crónica de una fragmentación anunciada», no en la mágica Aracataca, sino en el seno del Movimiento al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP).
Lejos de buscar un equilibrio en la acción política, la realidad nos presenta un panorama de practicismo mezquino que prioriza la lectura tecnocrática desde el escritorio, desestimando la realidad palpable. Esta fantasiosa judicialización de la política se refleja en la disputa por la membresía del MAS-IPSP, donde, tras 29 años de existencia, no ha logrado cuajar por la priorización del mando personal sobre la construcción de cuadros y dirigentes con verdadera militancia.
Un liderazgo cuestionado y una militancia fragmentada: El presidente del MAS-IPSP, Evo Morales, ha privilegiado su interés personal, relegando a la dirección nacional a un papel de meros títeres. Esta actitud antidemocrática ha desembocado en la licitación y remate de cargos, favoreciendo a infiltrados que han socavado las bases del partido.

Por otro lado, surgen grupos disidentes que se autoproclaman como la nueva generación del MAS, buscando triunfos electorales sin esfuerzo propio, cargando la lucha y las desgracias a las bases organizadas.
Esta fragmentación se agudiza con la disputa jurídica por la propiedad del MAS-IPSP, donde ni el líder histórico Evo Morales ni los trillizos del pacto de unidad (CSUTCB, Interculturales y Bartolinas) parecen tener la sartén por el mango.
Un futuro incierto y el acecho de la derecha: la disputa legal ha dejado al MAS-IPSP en un limbo jurídico, con ambos bandos convocando a congresos paralelos. De un lado, ocho dirigentes nacionales leales al presidente del partido y líder cocalero del Chapare, y del otro, dirigentes que incluso negociaron con el golpismo y que carecen de legitimidad entre las bases.

Es evidente que esta lucha interna solo beneficia a la derecha, que observa con deleite la fragmentación del MAS. La historia juzgará este desacierto que potencia un escenario favorable para la derecha, la cual ya ha penetrado en ambas facciones en disputa.
La pregunta es ¿existe una salida? Es urgente que el MAS-IPSP haga una mirada política estratégica y detenga esta desgastante lucha interna. La unidad es la única vía para enfrentar a la derecha y defender los intereses del pueblo boliviano.
El futuro del MAS-IPSP pende de un hilo. La fragmentación y las ambiciones personales amenazan con extinguir a un movimiento que alguna vez se erigió como el instrumento político más grande de la historia política del país y representó la esperanza de un cambio social en Bolivia. Es hora de que la dirigencia del MAS reflexione y retome el camino de la unidad, la democracia y la militancia, o de lo contrario, se convertirán en responsables de su propia extinción.
Esta “Crónica de una fragmentación anunciada” aún no está escrita. El MAS-IPSP tiene la oportunidad de reescribir su historia, pero para ello debe unirse y recuperar la confianza del pueblo boliviano. De lo contrario, la derecha se frotará las manos ante la inminente desaparición de un adversario debilitado y dividido.


