Por Jaime Heredia O.
LA PAZ.- En esta era de pantallas y redes sociales, los rostros que alguna vez ocuparon los despachos del poder hoy buscan protagonismo en los medios de comunicación con programas pagados. Los exministros y exviceministros del gobierno de Evo Morales se han convertido en figuras recurrentes, adquiriendo espacios de opinión o alardeando como si fueran analistas avezados.
Durante trece años, estuvieron en el epicentro del poder, pero ahora, en una vorágine de desesperación, utilizan los medios para deslegitimar la actual gestión de Luis Arce Catacora y congraciarse con la oposición.
Se pavonean frente a las cámaras, buscando aparentar vigencia y ser referentes de la opinión pública. ¿El objetivo? Quizás asegurar una candidatura en las elecciones del 2025 o, quién sabe, conquistar un espacio en el Ejecutivo. Sin embargo, ¿de dónde emana el dinero que permite adquirir un espacio televisivo estelar durante una hora?
Carlos Romero, exministro de Gobierno, se ha metamorfoseado en presentador de “Agenda País”, un programa dominical donde arremete contra la gestión actual y despotrica contra empresas estatales como YPFB. Las alianzas inverosímiles con opinadores de la ultraderecha destilan los ataques desmedidos que se vuelven moneda corriente en este espectáculo mediático.

Pero, entre bambalinas, las incógnitas persisten. ¿Quién financia este despliegue? ¿Qué figuras de confianza se están valiendo de estos espacios televisivos, como el obtenido por la gestión de Morales en Abya Yala?
Por ejemplo, José Alberto Gonzáles Samaniego, más conocido come “Gringo Gonzáles”, expresidente de la Cámara de Senadores y exembajador, convirtió Abya Yala en su trinchera política. Junto a él, Juan Ramón Quintana, exministro de la Presidencia, se prepara para su gran entrada a los medios.
También la exministra de Culturas, Wilma Alanoca que apela a la redes sociales y medios de prensa para posicionar sus temas políticos en la opinión pública. Por ese mismo medio, su exchofer de la concejalía reveló una serie de irregularidades y abusos que sufrió de parte de la actual concejala de El alto.
En medio de esta parafernalia televisiva, el público se cuestiona la legitimidad de estas apariciones y el propósito último de estas exhibiciones. La sociedad no puede permitirse ser manipulada por el juego mediático de quienes, hasta hace poco, detentaban el poder.

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