LA PAZ, 4 sep (El Libre Observador) — En medio de la recta final hacia la segunda vuelta presidencial en Bolivia, la irrupción de encuestas falsas difundidas en redes sociales ha encendido las alarmas de organizaciones especializadas y del propio Tribunal Supremo Electoral (TSE). El episodio, denunciado por la red de verificación Bolivia Verifica, no es un hecho aislado: forma parte de una tendencia regional de manipulación digital que ha acompañado a las campañas electorales en América Latina en la última década.
Marcelo Blanco, investigador de Bolivia Verifica, detalló que en los últimos días circulan en plataformas como TikTok y Facebook sondeos adulterados, algunos con logotipos de empresas encuestadoras reales y otros con marcas ficticias.
“El flujo de información siempre busca favorecer a alguien. En la primera vuelta, el más perjudicado fue Samuel Doria Medina”, explicó. Para Blanco, el problema no es solo la falsificación, sino la velocidad con la que circula en redes con escasos mecanismos de control.
El espejo brasileño: del “bolsonarismo digital” a la regulación pendiente
La advertencia boliviana recuerda al papel de la desinformación en Brasil, especialmente durante la reelección de Jair Bolsonaro en 2018 y la posterior campaña de 2022. Allí, redes como WhatsApp y Telegram se convirtieron en un campo fértil para la propagación de mensajes manipulados, desde encuestas inventadas hasta teorías conspirativas sobre el sistema de voto electrónico. El Tribunal Superior Electoral brasileño reaccionó con acuerdos con las plataformas, pero aún se enfrenta a desafíos para contener el volumen de contenido.
En Bolivia, el TSE reconoce que el país no cuenta con una legislación que regule el comportamiento digital en tiempos de campaña. “El control de redes sociales es muy volátil. Lo que aparece un día, al siguiente ya no está. Crean usuarios falsos para generar lo que llaman ahora desinformación”, admitió Fernando Arteaga, secretario de Cámara del organismo.

México y Perú: desinformación en clave polarizadora
México también ha vivido episodios similares. Durante las elecciones de 2018 y 2021, estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de organizaciones como Signa Lab documentaron campañas de manipulación digital que buscaban influir en la percepción de los candidatos. Bots en Twitter, páginas en Facebook y cadenas en WhatsApp distorsionaron encuestas o las sacaron de contexto, reforzando la polarización en un país marcado por la confrontación política.
En Perú, la segunda vuelta de 2021 entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori se convirtió en un terreno fértil para la desinformación. Encuestas manipuladas, supuestas actas adulteradas y videos falsos circularon en WhatsApp y TikTok, erosionando la confianza en el proceso electoral. El organismo electoral peruano advirtió entonces sobre la imposibilidad de frenar completamente la circulación de estos contenidos.
El patrón regional: manipulación de encuestas y erosión de la confianza
El caso boliviano se inserta en un patrón común: la manipulación de encuestas como estrategia para influir en el voto. En contextos electorales polarizados, las encuestas —tradicionalmente vistas como un termómetro de la opinión pública— se convierten en instrumentos de guerra digital.
El Observatorio de Desinformación Electoral (ODE) de Bolivia Verifica identificó a TikTok y WhatsApp como las principales plataformas para difundir contenido manipulado en el país. El fenómeno coincide con lo observado en Brasil, México y Perú, donde las aplicaciones de mensajería y video corto permiten que una pieza falsa alcance en minutos a miles de personas sin mediación periodística.

Democracias bajo presión digital
La proliferación de encuestas falsas en Bolivia no solo amenaza con distorsionar la percepción de los votantes, sino que se suma a un clima de desconfianza general hacia las instituciones. Para expertos, el reto no pasa únicamente por la regulación legal, sino también por fortalecer la alfabetización digital de los ciudadanos.
“La desinformación afecta directamente a la democracia”, advirtió Blanco. En sociedades donde la memoria de procesos políticos turbulentos aún está fresca, como en Bolivia tras la crisis de 2019, el impacto puede ser aún más corrosivo.
Mientras Rodrigo Paz y Jorge “Tuto” Quiroga se preparan para disputar la segunda vuelta del 19 de octubre, la batalla en las urnas parece estar acompañada por otra, más silenciosa pero igual de decisiva: la que se libra en los algoritmos de las redes sociales. Una batalla que Bolivia comparte con buena parte de la región y que redefine, a golpe de manipulación digital, las reglas del juego democrático.

