LA PAZ, 19 sep (El Libre Observador) — Bolivia se prepara para una segunda vuelta presidencial sin precedentes en su historia democrática. Este viernes, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y los Tribunales Electorales Departamentales (TED) sortearon públicamente a más de 211.000 jurados que custodiarán las mesas de sufragio en los comicios del 19 de octubre, un paso clave para garantizar la transparencia de un proceso electoral altamente vigilado.
Del total de jurados, 204.000 administrarán el voto nacional y 7.000 el voto en el extranjero, distribuidos en 35.253 mesas de sufragio. Por primera vez, el sorteo aplicó criterios de paridad de género, con 50% de mujeres y 50% de varones, en un gesto que busca reflejar la diversidad de la ciudadanía y reforzar la legitimidad de los comicios.
El vocal del TSE, Francisco Vargas, explicó que el sorteo se realizó mediante diez actos públicos: uno para el voto en el exterior y nueve para los departamentos del país. La nómina oficial de jurados será publicada el domingo 21 de septiembre en periódicos, en la web del TSE y en la aplicación Yo Participo, permitiendo a los ciudadanos confirmar su participación en este mecanismo esencial de la democracia boliviana.

El balotaje enfrentará a los dos binomios más votados en la primera vuelta del 17 de agosto: Rodrigo Paz y Edman Lara, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), y Jorge “Tuto” Quiroga y Juan Pablo Velasco, de la Alianza Libre. Ninguno de los nueve candidatos logró los votos necesarios para ganar en primera vuelta, según la ley que exige el 50% más uno o el 40% con diez puntos de diferencia sobre el segundo.
Rodrigo Paz Pereira, de 57 años e hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), representa un discurso centrista, enfocado en la renovación generacional y en atraer al electorado juvenil y urbano. Su adversario, Jorge Quiroga, de 65 años, se identifica con la ultraderecha liberal y apuesta por la estabilidad macroeconómica, la venta de empresas estatales y la seguridad jurídica como motor de inversión.
Más allá de las estrategias políticas, la segunda vuelta tiene un peso simbólico para Bolivia. La posesión del próximo presidente está prevista para el 8 de noviembre, apenas tres semanas después del balotaje, y marcará el rumbo del país en vísperas de los 200 años de independencia. La elección se convierte así en un hito histórico, en el que la legitimidad del proceso y la confianza en las instituciones son determinantes para la estabilidad democrática.
El TSE ha insistido en que la combinación de sorteo público, paridad de género y mecanismos de control del voto garantiza transparencia y equidad, elementos fundamentales para evitar tensiones o sospechas sobre la validez de los resultados. En un país acostumbrado a la polarización política y con la memoria aún fresca de las crisis electorales anteriores, estos comicios serán un test de madurez institucional y cívica.
La segunda vuelta de Bolivia no solo definirá quién liderará el país hasta 2030, sino que también pondrá a prueba la capacidad de sus instituciones y la ciudadanía para participar en un proceso democrático confiable, inclusivo y estable, consolidando un camino hacia la gobernabilidad en un momento histórico clave.


