LA PAZ, 31 ago (El Libre Observador) — Durante años, la frontera entre Bolivia y Chile ha sido una línea en el mapa, una sucesión de controles, caminos y pasos por los que circulan personas y mercancías. Ahora ambos países quieren convertirla también en una línea de información: que sus policías sepan antes qué ocurre al otro lado y que el crimen encuentre menos espacios para esconderse detrás de una frontera.
Ese es el espíritu con el que Bolivia y Chile inauguraron este lunes en La Paz la Primera Reunión de Altos Mandos Policiales y Unidades Especializadas (RAMPOL), un mecanismo destinado a acercar a la Policía Boliviana con Carabineros y la Policía de Investigaciones (PDI) de Chile.
La escena tiene algo de cambio de época. Los uniformes de ambos países ocupan el mismo espacio y, esta vez, la frontera no aparece como un asunto de controversia, sino como un problema común. El narcotráfico, el contrabando, el tráfico de personas y otras formas de delincuencia organizada no necesitan permiso diplomático para cruzar de un territorio a otro.
“Las buenas historias son las historias que se concretan”, dijo el ministro boliviano de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, durante la inauguración. Su frase resume la intención de La Paz: pasar de los discursos sobre cooperación a una relación policial más frecuente, técnica y operativa.
Oviedo reivindicó precisamente ese carácter. Recordó una frase pronunciada por un mando policial chileno durante un encuentro anterior que, según dijo, se le quedó grabada: “Esto es de policías”. Para el ministro, la cooperación debe tener una alta incidencia de trabajo técnico y menos interferencia política.
La apuesta no es menor. La criminalidad organizada ha aprendido a trabajar como una red: utiliza distintos territorios, cambia sus rutas, aprovecha las diferencias entre jurisdicciones y se adapta con rapidez a los controles. Las policías, en cambio, siguen estando sujetas a fronteras, competencias y procedimientos nacionales.
De ahí que uno de los principales objetivos de la RAMPOL sea compartir información y experiencias entre las unidades especializadas de los dos países. La idea es sencilla, aunque su ejecución sea compleja: que una investigación no pierda velocidad porque la organización perseguida cruzó una frontera.
Chile llega a este proceso con la experiencia de Carabineros y de la PDI, dos instituciones con funciones diferentes pero complementarias. Bolivia, por su parte, busca fortalecer su Policía y conectarla con mecanismos regionales de seguridad e inteligencia.

Oviedo explicó que el Gobierno de Rodrigo Paz Pereira pretende ampliar esa red de cooperación con otros países. Bolivia ya trabaja en mecanismos de coordinación con Brasil y busca avanzar hacia acuerdos similares con Chile, Argentina y Paraguay. El objetivo es que la seguridad fronteriza deje de ser una suma de respuestas nacionales y se convierta en un sistema de comunicación entre países.
La cooperación con Chile adquiere una dimensión especial por la complejidad de su frontera. Los pasos internacionales son corredores comerciales, pero también pueden ser utilizados por redes dedicadas a actividades ilícitas. Para las autoridades, controlar esos espacios exige algo más que presencia policial, requiere información compartida.
El encuentro de La Paz pretende precisamente construir esa confianza. Las reuniones de altos mandos pueden parecer, a primera vista, actos protocolarios. Pero en materia de seguridad, los canales de comunicación entre instituciones pueden ser tan importantes como los despliegues de efectivos.
El desafío será que esta primera reunión no quede convertida en una fotografía diplomática. Bolivia y Chile necesitan que el intercambio de información se vuelva constante, que las unidades especializadas mantengan contacto y que los mecanismos acordados puedan traducirse en resultados concretos.
La iniciativa llega además en un momento delicado para Bolivia. El país enfrenta una creciente preocupación por la expansión de organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico y por la violencia en algunas regiones del oriente. El Gobierno ha colocado el control de las fronteras entre sus prioridades y busca reforzar la cooperación internacional para enfrentar delitos que, por su propia naturaleza, no terminan en un puesto fronterizo.
La nueva relación policial con Chile forma parte de ese giro. Bolivia intenta conectarse con sus vecinos antes de que las redes criminales lo hagan con mayor eficacia.
En el fondo, la reunión RAMPOL plantea una paradoja sencilla: mientras el delito ha aprendido a moverse con rapidez por Sudamérica, las instituciones todavía están aprendiendo a seguirle el paso. Bolivia y Chile han decidido empezar por compartir información, coordinar capacidades y acercar a sus policías.
La frontera seguirá allí, separando dos territorios. La apuesta de ambos países es que, para combatir al crimen, deje de separar a quienes tienen la obligación de perseguirlo.

